Facebook: tu vida en directo

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En el reino de Facebook la gente hace mil cosas: cuelga fotos, comparte risas 2.0 con amigos… y cuenta su vida. De una manera u otra, esta red social ha permitido que la gente haga lo que más añora: presumir de sí mismos, creer que su vida importa a alguien y sacar un libro por fascículos. La historia de un sueño.
A todos nos ha pasado: creernos más interesantes de lo que verdaderamente somos. Muchos se sienten infravalorados. Y otros tantos están muy sobrevalorados. Pero todos confluyen en algo: se gustan a sí mismos y quieren que los demás lo vean con pelos y señales.

Hasta ahora presumir de ti mismo estaba mal visto, porque era algo que se hacía en persona y te arriesgabas a parecer un auténtico pedante. Y todos sabemos que los pedantes son automaticamente excluidos del grupito de coleguitas. Este es uno de los motivos por los que el ‘efecto Facebook‘ ha sido extremadamente útil para la humanidad. Todos lo vemos a diario: gente que cuenta toda su vida, qué le ha pasado hoy en el trabajo, qué va a hacer dentro de 5 minutos, con quién ha quedado… etc. Y lo hace la gente que, curiosamente, menos tiene que contar. De ahí nace ese ansia: el querer importar a todo el mundo y hacer ver que tienes una vida social más allá de Internet.

Claro está que no faltará la excepción. Pero Facebook está lleno de casos así, lo quieran reconocer o no. Gente que probablemente de esta manera está reconociendo algo que niega profundamente: que no son egocéntricos, que no se ponen antes a sí mismo que a los demás… ¡Reconozcámoslo! Somos egoístas por naturaleza, y la naturaleza nos dicta que vivamos para nuestra propia supervivencia. ¿Qué hay de malo en ello?

Lo mismo ocurre en Tuenti, que no pasa de ser la adaptación española del Facebook pero sin decirlo directamente. Y pasa porque no aceptamos que valemos lo que los demás creen que valemos. De la misma forma que un trabajador no está dispuesto a ser valorado como el conjunto de contratadores creen que vale, y clama por unos “derechos sociales” que no pasan de ser intereses egoístas: creo que valgo más y te lo voy a demostrar.

De esta forma, Facebook ha permitido que la gente haga lo que más añora: presumir de sí mismos, creer que su vida importa a alguien, y publicar esa autobiografía por fascículos en forma de estados. La historia de todo un sueño.

Pero oye, que está bien quererse a sí mismo. Yo soy el primero que dice que es básico en esta vida. El caso es que en la dictadura de lo políticamente correcto está mal visto, por lo que muchos lo niegan. Por eso el avance de Facebook y otras redes sociales ha sido importante: nos permite querernos a nosotros mismos sin darnos cuenta y, sobre todo, sin que los demás te llamen pedante o egocéntrico con énfasis despectivo. Bravo.

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