El rescate de Irlanda, una historia de la economía global

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Hubo un tiempo en el que vivíamos en la autarquía, absoluta, y luego rebajada, entonces vivíamos aislados, para bien y para mal, más para lo segundo que para lo primero, rápido escapamos de ello y poco a poco nos hemos ido abriendo a la globalización, un concepto que ha calado lingüísticamente, yendo de la mano del calado real.

Una globalización que certifica el funcionamiento del efecto mariposa a nivel económico, todos como hermanos, los problemas de uno son problemas de todos, el crecimiento de uno es el crecimiento de todos, bueno para los momentos de bonanza, terrible para los momentos delicados, como el actual.

Ahora vivimos todos pendientes del rescate, o no rescate, de Irlanda, porque negamos la mayor, pero sabemos que lo hacemos por rutina, sin convencernos, sabiendo que si el milagro económico de los noventa se viene abajo, nosotros iremos detrás, de una u otra forma, porque somos los siguientes.

Por ello es tan importante que Irlanda, o su sector bancario, sea rescatado por la Unión Europea para evitar que otros países, Portugal y España, en orden de caída, vengan detrás. El problema es que el presupuesto es escaso, la Unión ya hace mucho que se gastó el dinero que no tenía y ahora que lo necesita no puede echar mano de él, por lo que se complica la salvación.

Pero tan importante es salvar como parecer que se salva, porque los mercados no sólo exigen decencia, sino también apariencia, y si notan que Irlanda está apoyada por sus socios europeos se dedicarán a otra cosa mariposa, otra vez el efecto mariposa.

Atrás quedarán las doctrinas liberales de los irlandeses, tan aplaudidas tiempo atrás, y que ahora les condena al ostracismo más absoluto, demostrando, una vez más, que el mercado, no los mercados, no vayamos a confundir términos, debe de ser controlado por un gobierno nacional supervisor en primera instancia, y un gobierno supranacional ejecutivo, y vuelta la burra al trigo, en un segundo momento.

Suena a historia repetida, a argumento ya conocido, a parodia del drama griego, pero el ser humano nunca aprende, y si está revestido de político peor me lo pones. Al final todo se resolverá, porque nadie, y cuando digo nadie quiero decir nadie, puede arriesgarse a una caída concatenada de países, ni aquí, ni allí, ni allí, ni más allá, todos confían en la salvación de Irlanda para que el resto podamos seguir viviendo en paz.

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