Cristo y… su crucifijo

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            Estoy escribiendo hoy domingo 14 de noviembre y lo hago cuasi a la intemperie, y bastante incómodo por el viento que sopla y del que apenas me resguarda,  la terraza o chamizo “berbenero”, donde me he sentado a tomar un café y fumar un cigarro puro.  Me encuentro en la aldea del Rocío; muy cerca de la Basílica de la Virgen y viendo el ambiente que pese a ser hoy “un día de perros” (llueve para acentuar ello mucho más) es sorprendente el gentío que aquí hay; y hay que verlo para creerlo.

            Efectivamente; he contado más de cincuenta autocares, cuya capacidad rebasa los cincuenta viajeros cada uno de ellos; sumemos a ellos la mucha mayor cantidad de vehículos menores que aquí hay aparcados y los que pueda haber en los alrededores; son las 12,35 horas y la Basílica, se encuentra abarrotada; pese a que ya han sido celebradas algunas misas más esta misma mañana. Y viendo todo ello, pienso y sonrío y con ese impulso que algunas veces me viene; empiezo a tomar notas en el bloc que siempre me acompaña… mientras sonrío con cierto regusto y por cuanto diré.

            En estos momentos y también con un tiempo similar, pero a la intemperie y bajo “otro chamizo”; en el Valle de los Caídos, aquellos frailes o monjes, estarán celebrando la habitual misa, dominical; que ahora les obligan a celebrarla “de campaña”; supongo que habrán acudido bastantes creyentes (luego y por ciertas televisiones que informan, se confirma que la afluencia ha sido de unos cuantos de miles)… y sigo sonriendo, mientras escribo y se me apaga el puro, que luego repasando las notas, encenderé de nuevo y lo terminaré, sonriendo de tal guisa ya referida. Pues pienso, escribo y digo.

            ¿Zapatero quiere quitar los Cristos de las escuelas? ¿Pretenderá quitar igualmente las Vírgenes de donde se encuentran? Sigo sonriendo, ya socarronamente (estoy sólo, mi esposa ha ido a comprar no se qué… y los que hay alrededor mío, me miran, seguro que como a un bicho raro que debe tener cara risueña; pues si no es así no me mirarían, puesto que además estoy escribiendo)… quizá hasta puede habérseme escapado una carcajada; no sé, pues sigo pensando.

            Puesto que me estoy acordando del Cristo crucificado, que me regaló mi entrañable abuela materna (Rosario) y que fue su regalo de bodas, cuando me casaron allá por 1963; y el que va a estar encima del espaldar de mi cama (ya he cambiado varias veces de cama) mientras yo viva; y después… que lo lleven y se lo entreguen al cura de la parroquia y el verá donde lo pone; puesto que el Cristo, tiene un metro de alto y es una obra de arte y además, me lo regaló mi abuela, que es algo así como si me lo hubiese regalado… “mi santo patrón”; entienda cada cual lo que es y significa para mí, sin yo ser fanático de nada en este mundo; pero ese Cristo fue a comprarlo mi abuela y mi abuela, fue mucho… muchísimo, para mí.

            Pero sigo pensando… ¿Lo que predicó El Galileo perjudica a alguien? ¿A quién o a quienes? ¿Habrá leído el nefasto Zapatero… “El Sermón del Monte”? Seguro que no tiene ni puñetera idea de su contenido… y se trata, nada más y nada menos que del… “Tratado humano, social y económico más completo que en este mundo haya sido pronunciado jamás”. Ya otros lo consideraron, como… “El mejor discurso de todos los tiempos”… yo sigo riendo y pensando, sin entender o entendiendo bastante bien lo que ocurre. Los políticos discursean para tontos integrales, o “listos interesados”.

            Sigo tomando notas, mientras el viento de la marisma me azota el rostro y con él vienen algunas gotitas de agua bastante fría… pero con todo ello, me llegan nuevas fuerzas para seguir escribiendo y fumando el puro, que he vuelto a encender; mientras sigo pensando en el ya referido “nefasto”, como de otros que quisieron borrar… “a Cristo y su Cruz”; pobrecitos… la fuerza de su mensaje seguirá indeleble y por todos los tiempos… hasta que se cumpla lo que Él predicó y enseñó… cosa muy difícil de lograr o cumplir… pero tampoco, Él marcó tiempo.

 

            Pienso finalmente, que luego; “desgranaré” estas notas en el ordenador y lo haré mañana lunes… hoy y aquí, y después de todo esto… me encuentro pleno, a gusto, feliz y sigo sonriendo cuando mi esposa vuelve y la que igualmente se extraña que… “a tan mal tiempo yo tenga tan buena cara”. No le digo nada… “no lo entendería… seguro”. Como puede que tampoco entiendan todo ello, muchos de los que dicen leer lo que yo escribo.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen.ciudad.org (allí más)

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