Vendiendo ideas milenarias

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Vendiendo ideas milenarias

Año 2010. Hawking. Penrose. Física, matemáticas y cosmología. El ser humano y el devenir.

Tiempo y espacio. Espacio y tiempo.

Este año Stephen Hawking publicó su más que esperado libro El gran diseño, texto que consiguió, entre otras, ocupar la primera página de la sección Ciencia en algún que otro medio de comunicación impreso -incluso no impreso- porque su autor afirmaba (como nota para la polémica) que el Universo no necesitaba de un Dios para la explicación de cómo se había formado éste. Según el prestigioso científico británico, las leyes de la física son suficientes para explicar el origen del Universo, el espacio y el tiempo, mas éstas reafirmarían la teoría del big bang. Mas este mismo big bang requería, años atrás y según sus mismas investigaciones, de un Dios creador de todo.

Este mismo año, el no menos prestigioso Roger Penrose publicó su no menos esperado libro Los ciclos del tiempo, un texto que, entre otras brillantes aportaciones, juega con la especulación de que el Universo no surgió a partir de una gran explosión, es decir, refutando el mismo big bang del que frivolizo en el párrafo anterior, además de formular una serie de conjeturas basadas en leyes físicas e interpretaciones de las mismas según las cuales el Universo en el que habitamos no sería más que uno que sucede a otro anterior y precede a otro siguiente.

Los detalles de ambas teorías me quedan grandes, por ahora. Indagar en la teoría física y matemáticas de ambas interpretaciones es una tarea que requiere de décadas estudiando e investigando, disponer de los medios adecuados y poseer una mente brillante, algo que no compartimos profanos y demás mortales de a pie. Sin embargo, no estaría de más resaltar que hace ya años de la teoría del big bang y sus alternativas: el big bang lo formuló George Gamow en 1948 (Wikipedia), la teoría del multiverso la formuló Alexander Vilenkin a finales de los noventa (Muy Interesante – M.I.), aproximadamente sobre la misma fecha en que Paul Steinhardt formuló su teoría de los universos cíclicos (M.I.), mientras Martin Bojowald y otros trabajaban en la hipótesis del big bounce (M.I.) o Aspect-Susskind-t’Hooft han trabajado en la teoría del universo holográfico desde hace más de una década (fuente independiente).

Y lo que queda.

La Ciencia se encarga, entre otras, de encontrar respuestas y perfeccionar teorías que las expliquen. El ser humano goza de un instinto innato para ello, aunque esto no sea una garantía teórica ni práctica de que lo vaya a conseguir: pero una buena parte del camino se va haciendo, paso a paso. Es por ello que la investigación científica, la formulación de teorías y la contrastación de las mismas es de vital importancia, forja unos cimientos cada vez más sólidos sobre los que construir el edificio de nuestra Evolución y nuestra Humanidad… pero, por favor: que no se vendan libros al lector inexperto planteando los mismos dilemas que planteaba el ser humano en la Antigua Grecia.

Porque el eterno dilema de si el Universo tiene precedente y sucesor o, por el contrario, es único y nació en un instante concreto (con los diversos finales asociados) es una cuestión que ya quedó más que enterrada con las antinomias kantianas. Pienso, como ignorante pero no por ello menos crítico, que la investigación científica debe enfocarse a progresar, y a hacerlo en base al progreso obtenido a partir de cada instante anterior. Todo ello con la ayuda de la Tecnología y cualquier medio al alcance. Pero formular hipótesis, conjeturas, supuestos y demás proposiciones sin demostración como argumento para hacer «Ciencia» o vender libros, me parece, con mis respetos, una cagada.

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