DECHAR EL KUCHAC ARRASTRANDO. Del refranero sefaradí.

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DECHAR EL KUCHAC ARRASTRANDO. Del refranero sefaradí.

Es cierto. Alguien, no recuerdo quién, me dijo hace bastantes días, justamente cuando comenzaba a rumorease que Brasil y algún otro país sudamericano se aprestaba a reconocer ya, sin más preámbulo, a un estado palestino al que le asignaban, “sine actione agis”, unas imaginarias fronteras que imaginaban habrían de figurar en algún también imaginario mapa de Oriente Medio:
-Haim, esto huele a presión bananera.
Naturalmente, le recriminé la expresión “bananera”, diciéndole:
-Querrás decir “latino americana”.
-Llevas razón, “hispanoamericana”.
-Pues ya va a estar España en la danza,- aventuré, -porque en eso de hacer de Pepito Grillo, el Gobierno de España se pinta solo.
Al parecer me he equivocado en algunos meses, porque será a lo largo de 2011, cuando comuniquen oficialmente el reconocimiento, tomándose el tiempo suficiente para que los problemas que a los españoles nos tienen a maltraer decaigan y podamos refocilarnos y disfrutar de la decisión con alharaca y alguna que otra romería.
Hasta ahora, todos los países que se han unido a la traca han argumentado que la decisión la tomaron en base a sentimientos de justicia y “en nuestra tradicional línea de defensa de los derechos humanos”. Se hace evidente que a la vista del perfil de los mandatarios de esos países, la medida tiene el carácter de arriscamiento, de pueril voluntarismo, astracanada tan anti-USA como anti-israelí, un reflejo de la atrabilis, una calicata en los cimientos de la ONU a ver qué pasa, un no sé qué de la pubertad. Me recuerda aquella candorosa reacción grupal que teníamos los niños del barrio cuando, hartos de pelotear en la plazoleta, alguien decía: “Maricón el último” y echaba a correr sin rumbo, siguiéndole todos los demás hacia ningún sitio, como bobitos.
No constituyen aún caterva, pero están en ello. ¿De qué Estado hablan?, ¿Quizás del que la Liga Árabe rechazó porque no había “palestinos” a quien preguntar?; ¿De qué autoridades hablan?, ¿De las de Gaza?, ¿De las de Judea y Samaria?; ¿De qué fronteras hablan?, ¿Acaso a la línea de armisticio suscrita en 1949 entre Israel y tres de los países que lo invadieron, Siria, Jordania y Egipto?, ¿La Línea Verde provisional, que separa Israel de los territorios que fueron ocupados por los países árabes y conquistados por Israel en la Guerra de los Seis Días?. ¿En virtud de qué tratado de paz ha convertido en definitiva esa línea que en los documentos todavía lleva el verde del lápiz con que fue dibujada en 1949?
Pero a estas alturas, donde gracias a la cibernética nadie puede argumentar falta de información, habría que personalizar las preguntas. Porque, aunque ocurra, no podemos aceptar sin queja la hipocresía como el habitual vehículo de comunicación entre los países. Los hechos históricos no son como las monedas, que tienen un valor según en qué hemisferio; que tienen dos caras a exhibir, según en qué situación la manejen. Si, admirado Lula, Dilma por admirar, habéis sido vosotros los iniciadores de la campaña, es de rigor suponer que habéis solucionado ya, ¡Siglo XXI!, los problemas de nacionalidad con el Pueblo Guaraní, con el Yanomami, con el Tukano o el Pueblo Tikuna. ¡Ah!, ¿que no es así? Pues han pasado ya más de veinte años desde que fue aprobada la actual Constitución de la República Federativa de Brasil (1988), cuyo capítulo VIII aún lo tituláis con la expresión “De los Indios”, pretendía y pretende solucionar el problema de los derechos de esos “indígenas”. Sí, despectivamente continúa vuestra Carta Margna refiriéndose a “los pueblos indígenas” cuando tratan de los derechos del Pueblo Guaraní, del Pueblo Yanomami, del Pueblo Tukano o del Pueblo Tikuna, cuando aún hoy no tienen autonomía ni en sus propias chozas y continúan siendo las víctimas propiciatorias de cualquier compañía maderera o química nacional o extranjera Es decir, que los iniciadores de la Nación Brasileña se quedan fuera de la foto oficial, en virtud de la Constitución de la República Federativa de Brasil, estudiada, confeccionada y aprobada en virtud de los solidarios sentimientos de su clase política. A fuer de sincero, estimo que el respeto al derecho interno de autonomía política de esos pueblos y a la reestructuración territorial del Estado que representáis no está contemplado aún en la agenda de vuestros partidos políticos que llamáis progresistas, incluso de izquierda.
A Evo Morales, que en esto como en lo económico gobierna de oídas, le recuerdo que cuando hablamos de los derechos de los pueblos verdaderamente bolivianos, como el Aymara, Quechua, Guaraní, Iru Ito, Araona, Tacana, Mosetén, Yurakaré, Yuki, Chipaya, Matacos, Tapieté, Guarasuwe, Ayoreo, Ava Isozeño y Chiquitano (puestos por los frailes), Guarayú, Chácobo, Pakaguara, Esse Eija, Kavineña, Chimán, Kayubaba y Movima, nos estamos refiriendo a los derechos conculcados a gente, su gente, que ya se habían dotado de reglas de convivencia, que se definían entre ellos como Naciones mucho antes de que en Sefarad los RRCC hubiesen hecho público su malhadado Decreto de Expulsión de Judíos, y que el “Movimiento de Liberación” no los contempla. Pero su capacidad de imitación es grande y sus conocimientos cortos. No capta el agravio comparativo que le ha infringido a los pueblos que constituyen Bolivia.
Aunque de Chávez era de esperar, -Aló, Presidente!- no deja de epatar su cínico cacareo, ya que el mestizaje producido en Venezuela, con ser un hábil logro de sus predecesores en la presidencia, es de todos conocida la mísera postración de miles y miles de descendientes indígenas que, por su condición se vieron relegados en los derechos ciudadanos –los nacionales ni siquiera los imaginaron- por los inmigrantes europeos y árabes. Todavía hoy, los pueblos Arawaq, Caribe, Warao, Chibcha, Puninave, Jodi, Yanoamama, Guajibo, Piaroa y Yaruro no figuran como tales en los padrones de población. El olor del petróleo les llega directamente, pero no sus beneficios.
Al Presidente Piñera, de Chile, le habían dicho que los problemas étnicos del país estaban provocados por terroristas, subversivos y minorías radicalizadas; incluso por infiltrados extranjeros. Nadie le dijo que habían sido agitaciones propias del Pueblo Mapuche y sus movilizaciones, hartos de tantos años de opresión y atropellos. Es posible que al Presidente Piñera nadie le dijera que la palabra palestino no se corresponde con ninguna etnia, con ninguna nación. Sin embargo, el Presidente Piñera se ha dado prisa en reconocer oficialmente como estado palestino al conjunto de árabes que medran en las milenarias regiones israelitas de Judea y Samaria, ignorándose si en dicho reconocimiento incluye a la zona fundamentalista de Gaza. Incluso les ha señalado unas etéreas fronteras.
La única diferencia entre ambos casos estriba en que, el Pueblo Mapuche existe, administró aquellas tierras que le usurparon no hace más de un siglo, y sus reivindicaciones sobre derechos nacionales, sobre su lengua, su cultura y su territorio no son violentas ni basadas en el terror, mientras que la concesión otorgada por Piñera y su gobierno lo han hecho sobre unas gentes que no se han puesto de acuerdo nunca más que perpetrar acciones terroristas contra el Estado de Israel.
En Ecuador y de la mano de Rafael Correa como discutido Presidente, el problema de los llamados Movimientos Indígenas se viene traduciendo desde hace años en levantamientos muy virulentos, que han llegado a comprometer seriamente la gobernabilidad del País. Situaciones parecidas son las que padecen Paraguay, Uruguay y Nicaragua con los pueblos Charrúa, Guaraní, Miskito, Chulupy, Chorotega, Matagalpa y otros, por la falta de sensibilidad de sus actuales gobiernos y antecesores, a la hora de reconocer un mínimo de derechos a los indígenas que les comprometa en un hipotético reconocimiento de sus nacionalidades y concesión de autonomías. Todos ellos, Correa, Lugo, Mújica y Ortega, esperan pasar por caja después de sumarse a la feria del fantasmal reconocimiento a una nación inexistente, mientras sojuzgan las reales nacionalidades internas.

Haim.
http://haimfer.blogspot.com/

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