¿Por qué los directivos deben leer a Shakespeare? Enrique González Santiago.

0
210

¿Por qué los directivos deben leer a Shakespeare? Enrique González Santiago.«¿Por qué, si la risa tiene un probado efecto terapéutico sobre las personas, el humor parece desterrado a veces de las organizaciones empresariales? ¿Para cuándo los pensadores del management analizarán la influencia de la ironía y el humor en las empresas?».

Páginas 17-18.

«Este último párrafo nunca deberían olvidarlo tanto los altos ejecutivos como los empleados de cualquier empresa, y es que aunque un directivo esté sentado en la silla correspondiente a la cúspide del poder de una gran corporación empresarial no deja de estar sentado sobre sus propias posaderas.

Esta es una lección de humildad que podemos sacar al leer a Montaigne, aunque en realidad sólo el hecho de leerle a él y a estos grandes intelectos supone una cura impagable contra nuestra vanidad».

Páginas 47.

«Emerson nos proyecta hacia la búsqueda de lo mejor que hay en nosotros, porque su objetivo es conseguir que en cada uno aflore nuestra propia voz individual».

Página 68.

El título del libro que me ocupa da abundante y clara información sobre el contenido del mismo: es una obra dirigida al mundo de la empresa (aunque es difícil ignorar que el aprendizaje y la aplicación de estas lecciones son también necesarias para la vida en general y no sólo para nuestro desarrollo en el entorno laboral); con una relación muy intensa con la Literatura; y una obra que plantea preguntas desde el mismo principio, porque las lecturas que se nos proponen van a suscitar en nosotros una serie de reflexiones por mucho que ya se acompañen de fructíferas respuestas.

El autor ha escogido a seis autores de todos los tiempos. Grandes autores. Y en ellos nos señala, con la selección de fragmentos de sus obras, lo importante que resulta conocer al ser humano para dirigir una empresa, lo que, sin duda, implica dirigir a un grupo -mayor o menor- de personas. Y, por supuesto, para conocer a las personas hay que tratarlas y escucharlas (de esto se habla en el libro, claro), pero también es buen método, complementario y casi imprescindible, leer las grandes obras de la Literatura Universal, porque contienen la esencia del ser humano. De ahí su grandeza. Puede que los escritores no hayan inventado nada, pero sí han demostrado una capacidad de observación y de comunicación fundamentales: ellos han sabido identificar y transmitir esas condiciones que conforman la naturaleza del ser humano.

El gran acierto de la obra es dejar hablar a esos autores. De hecho da la impresión de que, si Enrique González hubiera podido, habría extendido el número y los fragmentos seleccionados. Es más, este recopilador peca de exceso de humildad porque, en su introducción a los textos podría haber explicado más y haber profundizado en las palabras de los maestros. Sin embargo entiende que ellos hablan por sí mismos, que no es preciso tocarlos mucho, porque en sí ya contienen todo lo necesario, todo lo que el lector debe «escuchar» y aprender. De esta forma apenas nos los presenta y nos deja en su compañía. Como un discreto guía que, en lugar de bombardearnos con datos y fechas nos diera el nombre y la clave de los monumentos que visitamos y a continuación nos dejara tener nuestra particular «comunión» con ellos. Este tipo de humildad es tan poco frecuente en los autores y formadores que llama la atención. Por otra parte se echa en falta que quien tan bien ha sabido seleccionar estos fragmentos de Literatura, nos diera más su opinión sobre ellos, los interpretara y desmenuzara para que todos podamos gozarlos lo máximo posible. Es muy posible, no obstante, que teniendo en cuenta que va dirigido a directivos, cuyo tiempo tiende a ser limitado, y cuyo interés por la literatura algo siempre en cuestión, que Enrique González haya querido apostar por la brevedad.

Se agradece también que se hayan seleccionado autores cuya grandeza y resonante nombre no han impedido la pérdida de lectores a lo largo del siglo XX y XXI, a favor de otras lecturas menos filosóficas, más frívolas, más, digámoslo así, adecuadas para luchar contra el sueño en el metro (dejando de lado a Shakespeare y Cervantes creo que su lectura no es obligatoria en ninguna escuela secundaria en nuestro país). Sin embargo, si el ser humano se individualiza por algo, es por su capacidad de pensar (y por su capacidad de reír también), y por eso se nos ofrece una gran oportunidad de volver la vista hacia aquellos semejantes que se preocuparon de pensar y cuyas reflexiones quedaron, para nuestra fortuna, registradas en estas obras de las que se nos extraen algunas perlas.

Un libro sobre management, pero también un Libro sobre Literatura y, en definitiva, sobre el Hombre, que en su corta extensión es capaz de mordernos con la necesidad de reflexionar y de volver a las lecturas que nunca debimos dejar atrás.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here