Apologías pontificales

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El 2010 puede decirse que ha sido un año absolutamente negativo en cuanto a la violencia de género. Se cometieron 72 asesinatos de mujeres a mano de sus parejas o ex pareja, dieciséis más que en 2009, según datos del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Hasta hoy me había resistido a escribir sobre este tema que ya traté hace un tiempo, pero las declaraciones que hizo Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares y responsable del área de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal, el pasado día 2 durante la Misa de Familia, no dejan de girar como aciaga noria en mi cabeza, desde entonces. Sentenciar que la violencia doméstica se da sobre todo en aquellos procesos de separación y divorcio, en aquellos procesos de litigio, “de manera que los matrimonios canónicamente constituidos tienen menos casos de violencia que aquellos que son parejas de hecho o personas que viven inestablemente”, ha causado malestar hasta en la propia Iglesia.

 En los matrimonios católicos se da y se ha dado tanta violencia, al menos, como en el resto, el maltrato no tiene nada que ver con un modelo concreto de familia. Aparte, los datos del Observatorio no especifican nunca si las mujeres casadas con orden de protección están unidas a sus agresores por la Iglesia o por lo civil porque los organismos en los que las víctimas pueden solicitar las medidas de protección no suelen formular esta pregunta. Y además, que importa si esas mujeres asesinadas eran de otro país, de otra etnia, estaban casadas por la iglesia, por lo civil, fuesen pareja de hecho, del mismo sexo o fuesen solteras o divorciadas ¡por Dios! ¿Es que acaso no eran ante todo seres humanos? Muchas de ellas tenían hijos, tenían padres, hermanos, nietos. Pero todas, monseñor Reig, todas tenían miedo. Por lo cual, déjeme que le diga que seguir apostando por la indisolubilidad del matrimonio, seguir condenando el divorcio a toda costa, es seguir posibilitando el maltrato contra la mujer. La fe no es ningún correctivo que impida la ruptura de un matrimonio, se lo digo yo que estoy en el ruedo, y no dando consejos desde la barrera.

 Otra cosa, monseñor, y ya acabo: ¿por qué en vez de condenar tajantemente estos crímenes, sin más, se sirve de ellos para hacer apologías pontificales, cuando no política? Si la Jerarquía católica quiere exaltar el valor de la familia y de la vida para la Iglesia y para una sociedad que quiera mirar al futuro con esperanza, no debería seguir  bendiciendo como designio divino la cultura patriarcal en la que se supedita la mujer al varón. Esa desigualdad y el temor, es lo que ha llevado a muchas mujeres a verse obligadas a seguir unidas a un hombre que las maltrataba, por motivos religiosos o porque no tenían cómo salir adelante. Por ello, monseñor, es mi deseo decirle que en miras al valor de la familia, de la vida y de una sociedad que quiera mirar al futuro, las mujeres seguiremos luchando siempre por nuestros derechos específicos y una más justa situación, dentro y fuera de la Iglesia.  

 “Aquel que tiene algún derecho, tiene como expresión de su dignidad, la obligación de reclamarlo…”

 Juan XXIII 

                                                                                           Maite García Romero

                                                                              http://maitegarciaro.blogspot.com

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