Bienvenidos a la correhuela

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LA CORREHUELA

 

Sopla el cierzo gélido desde la majada vieja, llevándose las migas del almuerzo, allá en el robledal donde unos muchachos, que fueron a cazar gamusinos, juegan a sanfermines con bogayas.

En una vieja tená llena hasta las toperas de heno húmedo se canta una morra muy disputada.

El mozo del atardecer bailotea la carraca recordando lo necesario del silencio en los días de Pasión.

Las mujeritas cuentan las puntadas del manteo en el Rincón de la Payala y hacen cálculos de la encinta mientras cae la fresca poniendo un punto de chiribiris en el cuerpo.

Los mozos que andarán a quintos el año que entra, ensayan la Loa para que el verano tenga su buena asunción.

Quedan las chapas olvidadas en el viejo pavimento sobre la cuadrícula de tiza robada donde las niñas saltan el cabriolé y la reina.

Los hombres entrenan a los burros en la dehesa para sacar de ellos el pollino rampante que lleven dentro en la carrera del domingo.

Guardan las madres aguerridas las hutas de conservas que el tico dejó a la intemperie.

No hay canicas; las que hubiere será menester dar parte al alguacil para que desmonte la alcantarilla donde fueron a parar.

No hay sueño y se echa la última, con jueza madre, a la giminicerra.

En el patio de recreo se trafica con tabas de cordero, que la profesora, puesta en jerigonza, insiste en llamar huesos astrágalos.

Una bilarda equivale a tres tabas y es de perogrullo que quien tiene tres bilardas pasa a ser el capo de la escuela. El capo, se le presupone por la alcurnia, es el hijo del carpintero.

La tuta finge la espiral en el suelo y los niños pelean mientras los padres, tras el murete, se debaten la partida. Ellos prefieren el tute, el brillé o el julepe, con su magro vespertino y su vino tinto acartonado…

Así vienen los tiempos.

Comentan, traída la noticia en el coche de línea, que el mundo ha cambiado y que ahora las recetas ya no las da el practicante en su cuaderno de cartón. Dicen que ya no hay que pedirle opinión al cura para esto y aquello y que el alcalde, aunque sea por vergüenza torera, se hace votar cada cuatro años. Que las noticias vuelan, que la tierra es más ancha de lo que el ojo abarca y que las nuevas, buenas o malas, antaño traídas en las albardas de los borricos, cabalgan ahora por autopistas de información.

Suena un adufe a remolque en una esquina, el último tambor cuadrado, herencia de los moros, que queda por el lar del tío Nastasio.

Una cosa no quita la otra. Igual que las migas no quitan el hambre. Tomen la correa y yo la rama, o viceversa, guste cada cual la posición del juego. Cátale dentro. Cátale fuera. Vuelta aquí, vuelta allá.

Seguramente la diversión más antigua que inventó el ser humano. Al fin y al cabo sólo necesita una correa, un palo y echarle imaginación.

Bienvenidos al viejo juego de la correhuela.

Yo abro. Cátale dentro. Vía muerta. Cátale fuera. Vía libre…

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