¿Política del bien común?

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  Borges

Existe tal nivel de crispación política, que cada día resulta más irrespirable este ambiente tóxico que nos está dominando. Se supone que unas personas que han decidido desempeñar un cargo político deberían tener la suficiente sensatez como para procurar un equilibrio entre el espacio del acuerdo y el de la discrepancia, y no estar siempre generando violencia con la palabra. La defensa de las posiciones ideológicas expresada con el debido respeto, es lo deseable si lo que se pretende es cumplir con los objetivos marcados para el bien común de la sociedad, trabajando codo a codo con el adversario sin sembrar tanta argucia, tanta sospecha y tanta  escaramuza como se viene haciendo cada día.  A veces me pregunto: ¿Son en realidad estas personas conscientes de que la crispación política  genera un caldo de cultivo idóneo para que los violentos y fanáticos escuden sus acciones? ¿Se plantean como puede llegar a responder un extremista desequilibrados a la bilis que sueltan ciertas bocas? Ahí tenemos lo sucedido en Tucson (Arizona) el pasado día 8 cuando Jared Lee Loughner, un joven de 22 años, ofuscado y violento, disparó a la cabeza de la congresista Giffords,  mató a seis personas (entre ellas una niña de nueve años) e hirió a otras 14, en medio de un acto público. Por tanto, ha tenido que ocurrir esta matanza que ha conmocionado al país, para que la clase política y mediática de EEUU se pregunte si no se ha llegado demasiado lejos en la escala de descalificaciones, insultos, y manipulaciones que invaden las ondas (como son los discursos público del movimiento ultraconservador Tea Party, incapaz aún de digerir la llegada a la Casa Blanca del presidente Obama).

Mientras en Arizona la gente intenta superar la tragedia, en España el ambiente político-mediático se caldea ante las acaloradas deducciones que de este suceso hacen los unos, argumentando las ideas políticas del asesino como nazis, y los otros como “liberales”, o lo que es lo mismo, como “progresista”. Insultos, recriminaciones, falacias, y un rosario de “bellas” calificaciones, surgen a través de las ondas acrecentando el nivel de violencia, hasta que el pasado día 16 la crispación política golpea de nuevo y el consejero de Cultura y Turismo de Murcia, Pedro Alberto Cruz, es agredido brutalmente.

El Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil, comienzan la investigación de estos hechos deleznables, mientras las soflamas incendiarias acrecientan el clima de animadversión. El día 17 unos encapuchados atacan con pintura la sede de los socialistas valencianos y de la Confederación Empresarial Valenciana (CEV), y días después, un individuo intenta quemar la casa de la alcaldesa socialista del municipio de Turís (Valencia), Pilar Blasco.

El discurso del odio continúa envenenando la democracia y se recrudece durante la convención del PP en Sevilla, cuando Jaime Mayor Oreja le pone la guinda a la tarta diciendo que no es posible seguir en España “abrazados a la cultura de la muerte”, que es lo que “ha hecho el PSOE durante los últimos años”, en referencia a la ley del aborto.

 Ante estas afirmaciones que me parecen gravísimas, quiero decirle a Jaime Mayor Oreja, que en los ocho años de gobierno de José María Aznar, siendo él Ministro del Interior, en España ya estábamos “abrazados a la cultura de la muerte”. ¿O es que no se acuerda ya de los 511.429 abortos que se llevaron a cabo sin que se llegara a realizar ninguna campaña de prevención ni sensibilización? Partido Familia y Vida ¿No se acuerda tampoco el señor Mayor Oreja de que el número de abortos se incrementó en un 152%  respecto al último año del PSOE  y que en ningún momento que yo sepa se oyó ese reclamo del derecho a la vida, ni por parte del Partido Popular ni por parte de la Iglesia? ¿Cómo se puede tener tanto cinismo?  Manifiesto por la vida Y si seguimos hablando de “abrazar la cultura de la muerte” ¿Debería recordarle también el apoyo de José María Aznar a la criminal invasión de Irak, cuya cifra de muertos se estima alrededor de 150.000, siendo el 80% de civiles? Y lo más lamentable: al día de hoy José María Aznar no ha sido capaz de mostrar un mínimo gesto de pesar sino que, por el contrario, sigue reiterando su apoyo.

  Usted sabe, señor Mayor Oreja, que con esta estrategia de reproches tan mezquinos que está llevando a cabo, lo último que pretende es responder a los intereses de los ciudadanos y sí, a los intereses puramente electoralistas, ante la falta de baza política en las próximas elecciones.

                                                                                                                     Maite García Romero

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