Declive de Occidente

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No es la hora de Occidente, es decir, de Europa y Estados Unidos, que siguen teniendo las sociedades más democráticas, más avanzadas y menos injustas, en las que se respetan más los derechos humanos. Europa pasa por momentos muy críticos, llegó el tiempo de la escasez, que golpea sobre todo a las clases menos desahogadas. Excepto Alemania, el Viejo Continente se hunde en una crisis endémica que puede dar al traste con su porvenir, Grecia e Irlanda ya han tenido que aplicar medidas drásticas extraordinarias, Pongamos dos ejemplos significativos: Francia, malhumorada,  ha convertido en algo habitual su “morosité”, descontento contra la situación económica y lenta decadencia propia, y Gran Bretaña tiene que suprimir medio millón de empleos. Portugal y España van tirando, agobiadas, pero la rapacidad de los mercados, que buscan el lucro a cualquier precio, sigue al acecho.

En Estados Unidos, por su parte, a Barack Obama le cuesta Dios y ayuda aplicar reformas esenciales, como la implantación por primera vez en Norteamérica de la Seguridad Social, que tiene dividido al país a pesar de ser una legislación justa.

Hay signos premonitorios de que Occidente va hacia una encrucijada, que inicia un lento declive a la par que, planetariamente,  ascienden otros poderes emergentes: China, India, Brasil…Este comienzo de año, desapacible y hosco en lo meteorológico aunque después se arreglara, podría servir de punto de inflexión.  El sistema está en decadencia.

Algunos acontecimientos fueron signos precursores de la nueva situación. En primer lugar, China ha adelantado al superdesarrollado  Japón, estancado desde 1990, con crecimiento cero o negativo. La República Popular China, nuevo proveedor financiero del mundo -¿quién lo hubiera dicho hace tan solo unos años?- se ha convertido en los últimos tiempos en la segunda economía del planeta e hizo de la Exposición Universal de Shanghai un escaparate de su alta tecnología. Un “pero” no obstante, y de envergadura: es una dictadura férrea sin libertades, practica un capitalismo de Estado, aplicado sin contemplaciones.

Por el contrario, Brasil, que se alza como un nuevo gigante regional, ha demostrado que  puede desarrollarse de forma democrática pues la presidenta Dilma Roussef, sucesora de Lula da Silva, ha llegado al poder tras unas elecciones presidenciales ejemplares,  según las crónicas.

Al lado de estas dos naciones, existe en el mundo un nuevo conjunto de estados de desarrollo medio, como Corea del Sur, Taiwán o Singapur en el sureste asiático, y desperdigados por otras partes, Indonesia, Malasia, México, África del Sur, o Turquía que conforman un mundo multipolar, ya no es verdad del todo que el Norte domine al Sur, el crecimiento económico se ha convertido también en atributo de las naciones en vías de desarrollo, mientras que la inflación y el paro atacan a los países tradicionalmente desarrollados. El capitalismo universal se desplaza hacia el Este y hacia el Sur. La industrialización ya no es sólo característica de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos), punteros durante décadas en el planeta, sino además de las naciones emergentes.

Este despertar -que se concreta cada vez más- de lo que antes se llamó Tercer Mundo es bienvenido y representa el acontecimiento más importante de los últimos tiempos.

Ramón Luis Acuña

Periodista

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