El paro de enero

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A pesar de que digo, he dicho, y diré que parados sólo están los muertos, parafraseando a otros, no por ingenio propio, cierto es que los datos de desempleo de enero que ha hecho públicos hoy el Ministerio de Trabajo son verdaderamente desalentadores y han sido suficientes para emborronar la buena noticia del pacto social, en continente que no en contenido.

Aún aceptando que el mes de enero suele ser malo para el empleo y dando por sentado que la última variable económica que se recupera tras una crisis económica es el empleo, los datos son abrumadores y no dejan ver la luz al final del túnel de la recuperación, retrotrayéndonos a la desesperanza de unos meses atrás.

Sin embargo, no podemos empezar a lanzar acusaciones demagógicas culpando a la falta de eficacia de la reforma laboral, que, dicho sea de paso, no será eficaz, porque cualquier reforma de calado necesita un tiempo para trasladarse a las estadísticas de manera consistente. El desempleo sigue en tasas muy elevadas no porque la reforma laboral no haya funcionado, sino porque la economía sigue congelada.

¿Y por qué sigue la economía congelada?

Pues principalmente por la falta de crédito proveniente del sector financiero. Ahora que comenzamos a comprobar las ganancias bárbaras de los bancos en el pasado año 2010, año de reajuste para todos, menos para ellos, se ve, y a iniciar un proceso de pérdida irrecuperable de las Cajas de Ahorro como dinamizadoras socioeconómicas, no nos cabe más que preguntarnos la razón de que el crédito no fluya como debe.

Las entidades financieras se escudan en su eficiencia como empresas independientes, pero olvidan que pueden seguir operando gracias a que el Gobierno avaló cuando tuvo que avalar y compró activos cuando tuvo que comprar activos, todo ello con el dinero de los impuestos de los españoles, esos que ahora no reciben los préstamos de los bancos y cajas.

Y es que el Gobierno ha fallado clamorosamente en su capacidad para obligar a las entidades financieras a conceder créditos a las familias y a las empresas a cambio de su paraguas protector. En lugar de ello, ayudó a la banca tanto como ésta necesitó sin exigir nada a cambio, ¿o para pagar favores debidos?

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