Salvar al medio ambiente y a sus ecosistemas, la última cruzada.

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Los siete gigantes en los Urales.

Altamente preocupante es el que el Tema de la Sequía haya alertado sobre el derretimiento de los glaciares negros de la Cordillera de los Andes, nieves eternas que según los entendidos no deberían derretirse.  Más preocupante aún, son los estudios sobre el derretimiento Antártico que proyectan que si se derrite sólo el 1% de los hielos del continente helado, se elevaría el nivel del mar en 65 cm, y si todo el hielo de la Antártica se derritiera el nivel de los océanos subiría 57 metros en toda la tierra; lo anterior es una tesis respaldada con estudios científicos que recopilaron  datos entre los años 1957 y el 2006, que comprobaron,  que de década en década, la Tº terrestre va aumentando peligrosamente, y cambios que deberían producirse en un rango de 10 mil años, están ocurriendo en el mínimo tiempo de 100 años, lo que en momentos geológicos es una aberración, ya que los cambios que ha sufrido nuestro planeta han ocurrido lentamente, y las especies  han tenido el tiempo suficiente para adaptarse a estos cambios.

La dinámica de los ecosistemas nos habla de principios básicos que sostienen la vida y los delicados equilibrios de este planeta, por ejemplo: Ciclo del carbono y ciclo del nitrógeno, sin embargo la especie humana tiene una capacidad sorprendente para alterar estos equilibrios.

Lo que llamamos Civilización, o mejora de los sistemas y calidad de vida, llevó hace 100 años a dejar atrás el trabajo mecánico para enfocarnos de lleno en los  procesos industriales y tecnológicos que han dado como resultado que  nuestra “Sociedad Industrial” emita  extraordinarias cantidades de dióxido de carbono que en circunstancias normales sería  muy menor en la atmósfera.

La radiación solar llega hasta la tierra, una parte de esa radiación es absorbida y radiada de vuelta al espacio exterior, pero el exceso de dióxido de carbono perturba a este equilibrio  atrapando la radiación y regresándola de nuevo a la tierra; pues debe existir un justo balance entre radiación, calor y dióxido de carbono: mucho haría de la tierra un verdadero desierto, y nada,  nos convertiría en un planeta congelado.   ¿Y cómo se podría evitar emitir tanto CO2   para que la atmósfera regrese a su normalidad?  Gran pregunta que nos da como respuesta  algo fácil de decir, pero imposible de hacer.

El Calentamiento global no es un tema que le concierna sólo a América, ya sea  por el derretimiento de los glaciares Andinos, o de  la Antártica, o por el evidente cambio climático que en la zona central de Chile comienza a evidenciarse; es una problemática mundial.  La voz de alerta la dan los glaciares de Alaska, el glaciar Breidalblikkbrea de Noruega, la montaña Qilian en el noroeste chino,  el Kilimanjaro de Tanzania en Africa,  en Asia el eventual derretimiento del Himalaya,  y   los Pirineos de Europa, por citar algunos glaciares importantes del mundo en pleno retroceso,  que aceleran las proyecciones del James Ovelock, quien había concluido que los polos ya no tendrían masa congelada en el año 2050, por el posible aumento de la Tº en 8º en un período de 100 años; la verdad es que tal vez la realidad supere a la proyección, por lo que vale que la Humanidad tome conciencia de que habitamos un planeta donde es necesario salvaguardar  los equilibrios, de lo contrario, un día, la imagen de nuestro planeta envuelto en una bruma con insectos gigantes habitándolo y la especie humana extinta no será ficción sino realidad, para evitarlo, como Humanidad ¿qué estamos dispuestos a hacer?

Quizás ya es momento   que los organismos internacionales generen instancias para hablar de lo importante, donde tendría un trascendental sentido que en lo que se refiere a medioambiente y a ecosistemas, que las naciones del mundo,  por el bien de sus habitantes y de su bíodiversidad,  escuchen, actúen y decidan, como una sola voz.

CONSTANZA ARTIZ

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