ENEME, El alma oscura de la mente

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Hoy me he levantado de mi lecho con un tremendo dolor de cabeza.

Apenas pudiendo entreabrir los ojos me he dirigido al baño y he abierto el grifo, para aclarar mi vista con un buen chorro de agua fría…

El acero brillante del monomando me ha devuelto una cínica sonrisa: mis temblorosas manos habían garabateado rojizos surcos sinuosos sobre su pulida superficie…

El alma oscura de la mente se retuerce en mis entrañas como una tenia que quisiera devorarme, pero la visión del púrpura resbalando indolente por el metal sacude mis sesos como una explosión súbita…

Miro con los ojos, ahora sí, desorbitados las palmas de mis manos, enfundadas apenas en los restos colgantes de unos guantes de látex impregnados de viscosidades…

¿A qué submundo he descendido esta noche, mientras mis sueños se tornaban en pesadillas grotescas? ¿a qué macabro festival gore he sido invitado? ¿en qué peldaño de esta escalera a los infiernos dejé olvidada mi esencia humana? ¿en qué momento me abandoné, para darle a la bestia el poder y el control sobre mis sentimientos y acciones?

Tengo un vago recuerdo… desmemoria de sádico impune, de criminal sin pena, de condenado sin castigo… flashes de eléctrica y colérica tormenta, relámpagos de iracundas llamaradas… estoy en mi laboratorio, mis ayudantes me rodean como mecánicos cuerpos inanes, como cadáveres que caminan impulsados por alguna fuerza emergida de los avernos…

Pero, pero, no… no soy yo, no… Es ahora cuando despierto, sueño.

Y lo entiendo todo.

Ese ser extraño que se me antoja mi yo verdadero no es sino el alter ego de ese fotógrafo maldito que me abordó el otro día en el metro de Beijing… Creo que el objetivo de su cámara me enfocó por unos breves instantes, en los que sentí como si mi alma me fuera robada, atraída en una violenta espiral, torbellino furioso,  hacia la vítrea lente que parecía hacerme un cínico guiño mientras una mano blanca y fría me tendía su tarjeta:

Pere Ibáñez, Fotógrafo/Artista Visual

Artela vida es arte. Y la muerte también… – me dijo clavándome sus pupilas con orgullosa condescendencia.

Qué se habrá creído, pensé para mis adentros, dejándole ir en el vagón, camino de la siguiente estación.

Aquella noche me revolví incómodo en el lecho. Un sudor frío empapó por completo mis sábanas, enrolladas alrededor de mi cuerpo como un sudario, húmeda mortaja que me causó una vaga sensación de claustrofobia y me trajo a la cabeza la imagen del tal Pere… sus manos… claro, sus manos. No, no  eran blancas, ni frías. Eran sus manos las que estaban cubiertas por los finos guantes de cirujano que imaginé troceados sobre las mías…

Y su mirada. Esa mirada… ¿qué escondía su mirada? ¿era la mente de un loco o la de un artista la que invadía mis pensamientos a través del taladro de su mirada?

Pere Ibáñez, Artista Visual… ¡volveremos a encontrarnos!

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