El dinero público no es de nadie.

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La prensa española no se hace eco, pero sí la extranjera con amplitud -Le Monde en Francia, Diario NRC en Holanda y televisión pública en Suiza-. El aeropuerto de Ciudad Real, en concurso de acreedores desde junio de 2010, es un claro ejemplo de los excesos cometidos en la época de los desmanes que parecía no tener fin.

Se trata de una colosal obra civil, en donde las ansias de poder han jugado un papel preponderante. Dispone de un equipamiento de última generación con una de las pistas más largas de Europa (4 Kilómetros) capaz de permitir el aterrizaje de un Airbus A380, el avión comercial más grande del mundo. Las instalaciones están dimensionadas para acoger un volumen de 2,5 millones de pasajeros al año. Para gestionarlo hay 291 trabajadores entre directos e indirectos. La realidad es que el aeropuerto de Ciudad Real tiene tres vuelos semanales, que gestiona Ryanair gracias a una subvención pública. Una obra de esta magnitud ha necesitado invertir de entrada 500 millones de euros. Buena parte de ellos proceden de Caja Castilla La Mancha, que ha sido intervenida por el Banco de España que la ha avalado con 9.000 millones de euros de dinero público. La Junta de Castilla-La Mancha ha inyectado 140 millones más, para compensar las pérdidas enormes y constantes.

Aclaro, Ciudad Real tiene 75.000 habitantes y se encuentra perfectamente comunicada a través del tren de alta velocidad desde 1992.

Ahora los trabajadores son sometidos a un E.R.E. dada la falta de operaciones. Con buena parte de ciudadanos pasando calamidades  a los grandes beneficiados de este proyecto no se les exige ningún tipo de responsabilidad. Barreda niega que el aeropuerto sea maniobra especulativa y dice que ha tenido “mala suerte” por la crisis, aún confía (o quiere vendernos) en que el aeropuerto pueda desarrollar la potencialidad que tiene  como fuente de riqueza y creadora de puestos de trabajo.

En mi opinión, no se trata de la consumación de un fiasco sino más bien un golpe bien planeado por cuatro señores, los de siempre, en el que se han  dilapidado fondos públicos en un proyecto descabellado. El Gobierno de Barreda declaró el proyecto “de singular interés” y desde sus inicios vertió en él importantes cantidades de fondos públicos. Eran los tiempos de un sueño que se iba a llamar Don Quijote Airport, la primera gran base aérea privada y que resultó una quimera a la altura de las del Ingenioso Hidalgo.

Lo que repatea de los asuntos como este es que no hay debate nacional, como sí lo hubo con la maldad de los controladores. ¿Por qué será? Va a ser verdad eso de “el dinero público no es de nadie”.

www.xente.mundo-r.com/ansede

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