Sociopolítica

YA QUITARON EL CESTO DE LA AGUA. Refrán sefaradí.

YA QUITARON EL CESTO DE LA AGUA. Refrán sefaradí.

Revolucionarios unos, revolucionarios otros. Todos pretenden poseer la patente de la revolución madre, la que reparte solera. Como, no tan cercanas ya aquellas dos o quizás tres manifestaciones de hombres (salpicadas de algún que otro velo), aún hay algunos elementos revolucionarios disparando al cielo revolucionario, plagado de supuestos aviones revolucionarios, hay que preguntarse si cuando los medios informativos hablan de los movimientos revolucionarios espontáneos, violentos o reprimidos con violencia, con muertos, en países islamistas, siempre revolucionarios, pre-revolucionarios o post-revolucionarios (tienen hasta dictaduras y monarquías revolucionarias y hereditarias), lo hacen en sentido semántico y si lo hacen desde un punto de visto sincrónico o diacrónico. Porque de esas revoluciones, si exceptuamos las balaseras libias, tenemos varias en Europa todos los años, sobre todo en Francia. Cualquier movimiento ciudadano es un movimiento dirigido. Como conocemos sus génesis, no los llamamos revoluciones sino movimientos con simples calificativos: gays, lesbianas, parados, sindicales, mujeres, hasta de aficionados al fútbol. Coincido con algunos de esos informantes en que, salvo en algunos fogonazos verbales en Egipto, Qaeda no está en este fenómeno revolucionario. Sin embargo, habría que preguntarse si Qaeda tiene rostro o es una entelequia. Aparece amenazando y desaparece, callando. No se le reconoce, aparentemente, un rostro. A su hilo y recordando las declaraciones que los mandatarios iraníes vienen efectuando desde su revolución en 1979, veo en estas revoluciones en cadena -¿o es sólo una?-, las más sugerentes y espontáneas de todas las revoluciones habidas, sombras alargadas y tocadas de turbante. Desde que los clérigos tomaron el poder en Irán, la violencia islamista ha ido creciendo y variando sus tácticas. Es su revolución pendiente.
No hay excepciones, no las hago, en consideración de una supuesta división de países islámicos pros o contras, buenos o malos. Solamente hay regímenes coyunturalmente amigos de EEUU o coyunturalmente enemigos de EEUU, circunstancialmente amigos o enemigos de los saltimbanquis europeos. Un espectáculo, porque todos tienen claro que en el Islam únicamente se producen intercambios de estampitas. ¿O es que la legitimidad del poder en Marruecos, Arabia o Jordania es mayor que la del régimen libio, sirio, o yemení; o a la inversa? Un espectáculo cínicamente aplaudido en el llamado mundo civilizado, y no solamente por sus gobiernos.
Una vez que esta marejada -que no tsunami- pase de largo, quedarán los mismos cuadros con diferentes fotografías. Puede que las economías domésticas mejoren un tanto, incluso puede que la corrupción pierda intensidad, pero el modus vivendi seguirá siendo el mismo, la vida familiar y ciudadana seguirá estando mediatizada y dirigida por la única ley islámica, la sharía, que les impide, por ejemplo, suscribir la Declaración Universal de Derechos Humanos, con lo que se eximen de su cumplimiento. Mientras tanto nos toca contemplar las caras de sorpresa de esos individuos, mandatarios en occidente cercano, al descubrir que el mundo islámico estaba lleno de dictadores. Mundo islámico y dictatorial que, hasta anteayer mismo, de la mano de correligionarios, amiguetes y países en rara simbiosis (Cuba, Rusia, China), han estado torpedeando todas las iniciativas hacia la plena protección de los derechos humanos de sus propias poblaciones. Todos ellos, a pesar de hurtarles a esos ciudadanos el derecho a la información libre, de pisotearles libertades fundamentales, de ejecutarlos a miles en represiones policiales, sumergiendo al resto en una balsa de corrupción aliñada con acosos, persecuciones y asesinatos de los que se atreven a denunciarlos, siguen codeándose con las democracias en el mismo seno del Consejo de los Derechos Humanos. Y no solamente eso, sino que desde sus sillones de cráneos, y con la absurda y bobalicona aquiescencia de algunas democracias, han estado acosando a un Estado libre como es Israel, respetuoso con las libertades, propias y ajenas, con decenas de resoluciones condenatorias y sesiones especiales de estudio. El culmen de la paranoia: siguen perteneciendo a un Consejo de Derechos Humanos que, por concepción, condena lo que en estos países y sus adláteres es consuetudinario. Es más: Sangrienta paradoja.
Haim.
http://haimfer.blogspot.com/

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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