Crítica de “La mitad de Óscar”

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Un buen silencio dice mucho más que una mala palabra, incluso que una buena, o al menos eso debe de pensar Manuel Martín Cuenca, uno de los directores más coherentes de su generación al que le falta poder mediático pero le sobra poder de comunicación cinematográfica.

“La mitad de Óscar” busca el sonido de los silencios, le da el protagonismo al paisaje y deja que el elenco de actores se acomode a los escenarios elegidos, incómodos al principio, ganan peso a lo largo de la narración pero sin quitar nunca el protagonismo a la puesta en escena, sin duda, lo mejor de la cinta.

“Malas temporadas”, la última película de ficción de Martín Cuenca, fue una auténtica declaración de intenciones que nos cautivó para toda la eternidad, una eternidad que ha tardado demasiado en llegar, aunque salpicada con alguna incursión en el género documental.

Y ahora se confirman todas las buenas sensaciones que percibimos entonces y nos ofrecen una versión renovada del cine, retomando su esencia y dejando a un lado el artificio que le acompaña en exceso hoy en día, hasta el punto de apartar la música para que podamos escuchar con mayor claridad los silencios.

No te desmenuzaré la película para no estropearte el aroma a buen cine que deja un poso de obra maestra con un final soberbio, inabarcable para tantos pero sencillo y elegante para Martín Cuenca.

En definitiva, una película que no llegará, desgraciadamente, al gran público, pero que sí enamorará a todos aquellos que aman este arte, demostrando que el cine también se puede hacer desde la honestidad y el buen hacer, y no sólo desde el dinero.

Absolutamente imprescindible.

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