Crítica de “¿Para qué sirven un oso?”

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“La torre de Suso” fue una película sorprendente por muchos aspectos, aunque dos fundamentales, como fueron el regreso a la comedia costumbrista, que ha desaparecido misteriosamente de nuestra cartelera, y el descubrir a un director respetuoso con la inteligencia del espectador. Tom Fernández nos ofreció un soplo de aire fresco entonces, y ahora lo refrenda con su nueva “¿Para qué sirve un oso?”, mejor que la anterior, aunque todavía con cierta falta de pulso narrativo.

“¿Para qué sirve un oso?” es una comedia que busca construir la complicidad con el espectador desde la ironía y encuentra la sonrisa de éste durante todo el metraje, sin carcajadas artificiales sedimentadas en la esencia de la estulticia.

Pero la película no se entendería sin su elenco, realmente soberbio en toda su dimensión. La pareja protagonista, Gonzalo de Castro y Javier Cámara, llegan a cotas sublimes de interpretación, graciosos pero dignos toda la película. Y los secundarios enhebran sus relaciones con los protagonistas desde la humildad y el trabajo bien hecho. Geraldine Chaplin está hilarante y la debutante Sira García sorprende por su capacidad interpretativa.

Se aprovechan, eso sí, de un guión muy bien hilvanado, que sabe dar un paso atrás en favor de los protagonistas, dejando los delirios de grandeza literarios para la literatura y ofreciendo una clase magistral de como se debe de construir un guión sencillo, pero redondo.

La retórica ecologista que acompaña a Javier Cámara funciona bien, aunque en ocasiones puede rozar la moralina para las personas sin esa sensibilidad, por lo que hubiera estado bien relajarla ligeramente en favor del flujo de la película.

Un flujo que en ocasiones se detiene sin una razón aparente, momentos en los cuáles a Tom Fernández se le nota cierta falta de pericia narrativa, que irá tomando con el tiempo, no lo dudo.

En definitiva, una comedia para disfrutar desde el principio hasta el final, admirando los paisajes de Asturias y la belleza de Islandia, con una sonrisa en los labios y la sensación de que el tiempo y el dinero invertidos han merecido la pena.

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