Del periodismo científico al compromiso público de la ciencia

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El autor analiza la potencialidad de la comunicación científica como disciplina académica, y su relación con el periodismo científico. Según el experto, en España hace falta crear una sensibilidad hacia la información científica para que el país alcance el siglo XXI.

La ciencia y el periodismo, aunque parezcan disciplinas distantes, han perseguido el mismo objetivo: buscar la verdad y hacerla pública. También comparten técnicas profesionales. El proceso de verificación de la noticia es una copia –aunque con frecuencia sea bastante burda- del método científico.

El periodismo científico aborda, nada más y nada menos, que la zona de intersección de los dos colosos que definen la sociedad contemporánea: la cultura mediática y la cultura científica. Es decir, la simbiosis entre la cultura de letras y de ciencias. De ahí el potencial y la riqueza investigadora que posee.

Como disciplina académica estudiamos cómo contribuye en el índice de impacto la publicación en prensa de un artículo científico, la influencia de los medios en la crisis de vocaciones científicas, el avance del pensamiento irracional por culpa de la televisión y el cine, cómo usar los medios de comunicación para enseñar ciencia reglada o cómo crear ficción para divulgar la ciencia. Es un campo de estudio apasionante porque es lo más parecido al verdadero humanismo.

Pero el periodismo científico es, por encima de todo, un oficio. Tenemos que saber seleccionar, analizar, jerarquizar y contextualizar toda la información científica que procede de universidades y de centros de investigación, no sólo españoles, sino de todo el mundo, porque la ciencia es universal. En eso se ha avanzado algo. Pero en este país aún nos falta crear una sensibilidad hacia la información científica.

Más calidad y menos cantidad

A veces no es cuestión del número de noticias, sino de matices. El 21 de octubre de 1984 fallecía el cineasta François Truffaut; el día anterior lo hacía Paul Dirac, uno de los mayores físicos de todos los tiempos. Los periódicos españoles gastaron páginas y páginas con el cineasta. Ninguno habló de Dirac. Los medios piensan que los escritores y los cineastas son más cultura que los científicos.

Un comportamiento similar hemos comprobado con los premios mundiales y de impacto. Un Nobel de Literatura –disciplina que no cuenta para el ranking de las mejores universidades del mundo- tiene mucha mayor cobertura mediática que un Nobel de Física o Química. Hasta que esa tendencia se invierta o, al menos, se iguale, no podremos decir que los medios están sensibilizados con la comunidad científica como lo están con otros agentes culturales.

Muchos pensamos que esta representación mediática de la ciencia es la culpable del poco aprecio por las ciencias y, sobre todo, de la escasez de vocaciones de científicos e ingenieros en España y en otros países. Esta carencia es gravísima, porque la economía productiva se asienta en ellos.

Internet no será otra televisión

Por otra parte, el siglo XXI está trayendo consigo nuevos retos para la comunicación científica. Internet ya es la herramienta clave para la difusión de la ciencia, dejando obsoleto el modelo lineal y unidireccional de los medios tradicionales. Internet es una tecnología interactiva por excelencia, un canal abierto a la participación ciudadana, en el que el exceso de ruido se entremezcla con el peligro de la desinformación.

En el campo científico esta desinformación es muy peligrosa, porque la audiencia virtual no sabe cómo contrastar resultados ni diferenciar al charlatán del verdadero investigador. El caso de la monja que invitaba en Youtube a no vacunarse de la gripe A es un ejemplo paradigmático. La información científica es de un subtipo que llamamos “noticia acatamiento”; es decir, no es discutible porque de ciencia sólo saben los científicos. No es como el fútbol o la política, donde todos tenemos opinión.

De ahí la gran responsabilidad que universidades y Organismos Públicos de Investigación (OPIs) deben asumir para luchar contra la información científica falsa y las pseudociencias, ideas tóxicas que cada día aparecen con más frecuencia en Internet.

El papel social de defensa del pensamiento racional es ahora más importante que nunca y, en ese contexto, las Unidades de Cultura Científica (UCCs) no sólo adquieren una importancia divulgadora e informativa sin precedentes sino, sobre todo, también educativa en una sociedad contemporánea que rinde culto a la telebasura.

La función del periodista científico y, en general, de los medios de comunicación se está replanteando. Internet constituye una revolución tecnológica que implica cambios conceptuales y metodológicos en la manera de transmitir el conocimiento científico a la esfera pública. Las mismas expresiones “transmitir la ciencia” o “difundir la ciencia” pierden su significado tradicional en el contexto de la sociedad red.

Nuevos periodismos

Internet también ha cambiado radicalmente el periodismo como profesión. La web de la NASA, que es una fuente, tiene más visitas que muchos medios de comunicación de masas, incluida la CNN (portal de ciencia). Se pierden las fronteras entre fuentes y periodistas: hay mucho periodismo de contrapoder en los blogs de los científicos que se están convirtiendo en verdaderos periodistas.

Las nuevas redes sociales y la inmediatez en la difusión de las noticias están configurando un nuevo paradigma de comunicación que se ha denominado ‘cultura convergente’, y en el que la participación del público se coloca en un primer plano. Fenómenos sociales como los buscadores, la Wikipedia, Facebook, Twitter y Youtube, por nombrar algunas iniciativas-red, están creciendo a un ritmo vertiginoso.

Internet es el eje vertebrador para los nuevos dispositivos como los teléfonos móviles inteligentes, los netbooks y los e-readers, que se han convertido en soportes físicos ideales para los individuos ubicuos, ventanas por las cuales cualquier persona puede consultar cualquier duda en cualquier momento y lugar.

La convergencia tecnológica no es más que un caso particular de un movimiento cultural más amplio que aún no estamos en condiciones de analizar en todos sus matices, pero cuyos trazos maestros empezamos a entrever.

Falta aún que en España se consolide una disciplina que aquí se sigue llamando periodismo científico, pero que en el mundo anglosajón es mucho más amplia. En los ‘80 se habló de comprensión pública de la ciencia. La Royal Society propuso en 2008 sustituir “comprensión” por “compromiso”. Esta filosofía es la que nos falta para alcanzar en nuestro país el siglo XXI. A veces no sólo es una cuestión de calendario sino, sobre todo, de mentalidad.

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* Carlos Elías es catedrático de Periodismo Científico de la Universidad Carlos III de Madrid. Licenciado en Químicas y en Periodismo, se doctoró con Premio Extraordinario en Comprensión Pública de la Ciencia, área en la que fue visiting fellow en la London School of Economics. Trabajó como químico (es co-responsable de la síntesis de seis nuevas moléculas) y como redactor de política en la Agencia Efe y responsable de Ciencia en El Mundo. Es autor de Telebasura y periodismo (Libertarias), La ciencia a través del Periodismo (Nivola), Fundamentos de Periodismo Científico (Alianza Editorial) y La razón estrangulada, la crisis de la ciencia en la sociedad contemporánea (Debate).

Fuente: SINC / Carlos Elías

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