Con el corazón en la boca. Antonio Calvo Elorri.

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Con el corazón en la boca. Antonio Calvo Elorri. Egales editorial/Desatada Editorial. 2011.

 

            “El sobre azul ha asomado / bajo un envoltorio de hamburguesa / (esos souvenirs absurdos / que nadie comprendería). / He sacado la carta del sobre, / la he devorado. // Ahora me pregunto / de qué vale el amor cuando acaba”.

HE RECORDADO AQUELLA CARTA.

            “escuché el eco de nuestros días / (los que estaban por venir, / imaginados, y hoy… / ¿qué son hoy?)”.

FUI A TU CIUDAD Y VI TORRES ENCENDIDAS EN FUEGO.

            Es cierto que la Literatura responde a la esencia del ser humano, a su verdad más profunda, y que esta es universal (que las campanas doblan por mí), no importa de quién se hable ni cuáles sean sus circunstancias. Quiero decir que tratándose de un –breve- poemario sobre las relaciones sentimentales y/o sexuales de un hombre gay del Madrid de nuestros días, podría pensarse que estamos ante una lectura para un colectivo muy reducido. Sin embargo nada más genérico y más contemporáneo que Con el corazón en la boca, pocas cosas más aplicables al cambio del concepto del amor que estamos viviendo ante nuestras narices casi por primera vez desde el siglo XIX.

            Fue entonces cuando se desarrolló el concepto de amor romántico que ha dominado la sociedad occidental –y parte de otras por su influencia: la relación eterna de dos personas que se funden y que responden a un doble atractivo de las almas y los cuerpos. El esquema básico se sigue repitiendo en los productos cinematográficos y literarios que llegan hasta nosotros.

            En las postrimerías del pasado siglo, o puede que en el último tercio, de manos de la psiquiatría y de los movimientos sociales como el hippie, se intentaron establecer teorías, tan sensatas o alocadas como a veces poco humanas o poco conscientes del principio químico que dirige muchos de los actos del hombre. Teorías sobre el mutuo respeto desarrollado a partir de una independencia sana o  teorías sobre el amor libre –algo no tan nuevo- adornado de LSD y margaritas. Pero, en el día a día, en el imaginario colectivo se seguía soñando con la pareja para siempre y el cuento de hadas del príncipe azul y la princesa rosa, o el capitán de rugby y la líder de las animadoras, en esencia es lo mismo aunque cada vez menos exquisito.

            Todo este largo comienzo para intentar llegar a la importancia de una obra que demuestra una vez más que las grandes esencias y los venenos vienen en frasquitos o formatos pequeños. Y la obra de Calvo Elorri tiene un poco de cada cosa porque contiene una gran verdad, aunque una verdad desoladora, triste como la muerte de una mascota indefensa. En este libro parece no ya que se haya tirado la toalla por desgaste o por miedo a la derrota, es que se cree que el amor no va más allá del encuentro físico y su química, aunque ese encuentro pueda durar unos instantes, un fin de semana en Mallorca o tres semanas encadenadas de sexo desenfrenado. El amor es eso y por eso, cuando termina, no queda más que un recuerdo. No hay pretensiones de eternidad y a poco que el ser humano se esfuerce ni siquiera habrá sentimiento de pérdida:

            “[…] podremos caminar juntos

            estos primeros pasos.

            Luego…, luego no habrá nada,

            pero así es siempre”.

            A ESTAS ALTURAS.

Quedan reminiscencias de ese romanticismo aprendido, pero ya todo está en camino de convertirse en materia y hastío. ¿Se puede traducir mejor en lo que se ha convertido la sociedad contemporánea y sus relaciones?

            No lo creo. El acierto del autor es pleno. Me queda, tan sólo, una esperanza y es ese:

            “Todo esto es cierto,

            soy culpable y me encanta serlo.

Sólo déjeme decir algo que también es cierto:

un poeta jamás dice la verdad”.

LEVANTO MI MANO.

Libro inteligente, directo pero profundo, directo al corazón (esté en la boca o en los genitales), que nos hace replantearnos la acumulación de breves relaciones o encuentros a la que se dedican muchos de cuantos nos rodean y que genera una piel gruesa, un cascarón lleno de recuerdos cada vez menos trascendentes, menos significativos, igual de intercambiables que los tubos de la pasta de dientes, igual de desechables… aunque reciclables para su uso por otros.

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