“… que se lo haga mirar”, Obama dixit

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“Si alguien duda de que Bin Laden obtuvo lo que se merecía, que se lo haga mirar”, dijo Obama en su entrevista en el programa televisivo “60 minutos”, y se quedó tan ancho, circunspecto, como corresponde a un Presidente del Gobierno, o al menos eso se supone, se cargó, de un plumazo, todo el concepto de democracia y demolió, en una sola frase, cualquier atisbo de derechos humanos, esos mismos que se siguen violando en Guantánamo un día sí y otro también, lugar, casualidades de la vida, de donde se obtuvo la pista para encontrar a Bin Laden, ¿todo vale?, no, todo no vale.

Algunos voceros de la corriente dominante se han lanzado a decir aquello de que “el mundo es un lugar más seguro sin Bin Laden”, y yo me he puesto a temblar, porque creo exactamente todo lo contrario, el mundo es un lugar mucho menos seguro si un gobierno puede asesinar a Bin Laden y salir indemne, y menos aún, si para encontrarle utilizó la tortura como medio de interrogatorio, no, esto no es un mundo seguro, porque si todo vale, nada sirve, y no nos queda otra más que temernos lo peor.

Y duele más cuando el que vende el alma al diablo es Obama, un hombre que ha intercambiado la esperanza por la retórica, y dado la razón a todos los que afirman que sólo se puede gobernar desde la derecha, que, en demasiadas ocasiones se confunde, erróneamente, con el pragmatismo. Algunos creíamos en Obama, como último bastión de una estirpe de políticos de raza, pero ahora resulta que todo era fachada y poco más que un producto de mercadotecnia.

En Estados Unidos, país de acción, no de pensamiento, pocos se plantean las dudas que la muerte de Bin Laden generan, y los que lo hacen se lo callan por lo que pueda pasar, porque el país más poderoso del mundo ya no es un país libre, sino que está tomado, como el resto del mundo, por la caverna mediática del miedo, ideal para apaciguar las reivindicaciones sociales de los ciudadanos y para generar miles de millones de beneficios gracias a la especulación financiera.

Porque no hay herramienta más eficaz que el temor al futuro, a las consecuencias de nuestros actos, ello nos encadena al pensamiento único y a la inacción como mejor metodología de existencia plácida y llevadera. Los mercados, que nada tienen que ver con los esforzados empresarios que sacan adelante sus negocios con el sudor de su frente, colocan a su antojo a los políticos que luego manejan como si de simples marionetas se trataran, sabedores, como son, de que la supranacionalidad de sus especulaciones nunca podrá ser controlada por la nacionalidad de los gobiernos.

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