Bodas en Tipasa, de Albert Camus

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Lecturas Interesantes

Bodas en Tipasa, de Albert Camus (Edhasa).

“El verdugo estranguló al Cardenal Carrafa con un cordón de seda que se rompió: fue preciso repetir dos veces la operación. El cardenal miró al verdugo sin dignarse pronunciar una palabra”.

La Duquesa de Palliano (Stendhal)

Con esta cita comienza el Premio Nobel su narración que es una especie de diario de viaje espiritual, detenido en el éxtasis de una tierra en la que nada ocurre fuera de ella misma, de su propia y espléndida fuerza vital. Suele publicarse junto a El verano, de otros seis pequeños relatos que, con Retorno a Tipasa, nos preparan para estas bodas del hombre con la tierra, el cielo y el mar. Son unos de sus primeros trabajos publicados y constituyen la clave de las restantes obras del autor, aquellas en que los mismos parajes, ahora áridos y desamparados, asumen la presencia de un enorme personaje que se infiltra en las vidas de los hombres.

Tenía yo apenas 18 años cuando le escuché en Paris. Hablaba de cuatro fases en su vida: el gozo de la existencia, del cual Bodas y El verano, son una muestra; el absurdo, cuando enfermo de tuberculosis se encontró en un hospital miserable y no encontraba sentido para su existencia y de cuya etapa hay obras imperecederas, El ExtranjeroCalígula; después la rebelión, ante la injusticia y el padecimiento de los inocentes como en la peste, “l’homme révolté” y finalmente, la actual, “en quête  de la sagesse», sabiduría, prudencia. Confieso que quedé fascinado y que me dediqué a leer toda su obra, sobre todo, cuando al poco tiempo me enteré de su muerte en accidente.

Pocas personas han influido en mi vida tanto como Camus, y algunos otros que me impactaron y moldearon, por supuesto. El texto dice… “Tipasa es habitada en la primavera por los dioses y los dioses hablan en el sol y en el olor de los ajenjos, en el mar acorazado y en el cielo azul crudo; en las ruinas cubiertas de flores y la luz en gruesas burbujas sobre los montones de piedras”. “No es tan fácil devenir lo que se es, recuperar la propia, profunda, medida… Mi corazón se apaciguaba en una extraña certidumbre. Aprendía a respirar, me integraba y me realizaba”.

“A otros dejo el orden y la medida. El gran libertinaje de la naturaleza y del mar me acapara totalmente”. “Dichoso aquel entre los vivos de la tierra que vio estas cosas”. Necesito estar desnudo y hundirme luego en el mar, perfumado todavía por las esencias de la tierra, lavarlas en él y atar sobre mi piel el abrazo por el que suspiran, labio a labio, desde hace tiempo, el mar y la tierra”.

“Aquí comprendo lo que llaman gloria: el derecho a amar sin medida”.

“Amo esta vida con total abandono y quiero hablar de ella libremente, pues me da el orgullo de mi condición humana… Sí, hay de qué gloriarse: este sol, este mar, mi corazón que brinca de juventud, mi cuerpo con sabor a sal, la inmensa decoración en que la ternura y la gloria se dan cita en el amarillo y el azul. A conquistar esto debo aplicar mi fuerza y mis recursos. Todo aquí me deja intacto, nada mío abandono, ninguna máscara reviso: me basta aprender pacientemente la difícil ciencia de vivir, que bien vale el saber vivir de los demás… esos melocotones que se comen a dentelladas, de manera que el jugo se desliza por la barbilla”

Hay un tiempo para vivir y un tiempo para testimoniar la vida.

Innecesario es decir que mi primer viaje como enviado de prensa fue a la Guerra de Argel, y que allí robé mis tiempos para seguir sus huellas y comprobar que, en efecto, era así, como Camus lo describía.

Bodas en Tipasa, de Albert CamusJ. C. Gª Fajardo

 

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