La emoción de Ulises

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©La emoción de Ulises.
Me encomiendo al dios de las tormentas que me permita navegar en estos mares donde arrastran las corrientes hacia fondos insondables, para poder presenciar de nuevo las playas de Ítaca.
Debo mucho a los dioses, pues siempre me protegieron aunque mi cupo de vidas anduviese excedido, pero apenas me reconozco en mi inmediata pequeñez, tan mermado en mis resuellos que casi no recuerdo los buenos tiempos cuando apenas lo frágil importaba.
No es nostalgia lo que roe, más bien, la falta de ella consume el aire que necesito para asfixiarme con sádico arrebato, dejándome varado en costas donde no transitan los recuerdos, sin acantilados que sirvan de referencia ni horizontes que desconocen su otro lado.
La nostalgia es un lujo; la ausencia, el castigo de los que no valoraron la presencia cuando su aura templaba el frio de los poros pero al final, todo acaba en una mezcolanza sin principios en el mismo momento de quemar las naves.
Vivir es una experiencia para la que todos no son aptos y el vacío es el único lugar que los espera; detrás de cada nube acecha el destino y aunque el dolor sólo sea excusa para no mirar al cielo, las nubes no serán capaces de indicar el camino; tendrá que ser el viento quien me lleve de vuelta al lugar de donde jamás debí dejar de estar presente.
 

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