La Posada de Villalangua

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No pretende este cronista ser una guia de turismo, ni servir de escaparate a negocios de hostelería que los hay de todo, buenos y malos, pero que defienden intereses económicos que son sólo cosa suya. He tenido la ocasión de conocer muchos pero nunca me ha dado por la recomendación, si acaso a una escala de mi círculo íntimo, porque lo que para uno puede ser bueno para los demás puede resultar discutible y ante la subjetividad lo mejor es una posición desde una prudente distancia y si puede ser con bandera blanca de neutralidad. 

Pero lo que sí pretende este reportaje  es el reconocimiento de unas labores, que desde el silencio y la humildad intentan cada día dar a este territorio nuestro, acostumbrado a la conciencia de esparto, un ejemplo de determinación para mantener viva una indentidad que por desgracia se pierde entre los surcos de la erosión y el desaliento, que es causante del desapego y la renuncia. Personas que se embarcan en una navata sin más protección que la corriente que la empuja rio abajo, con el propósito de lucha que es más de resistencia, pero que nos les importa el salto mortal a que la vida les obliga precisamente por su obstinación de crear su propio modo de vivir.Mención especial a mis queridos amigos de CASA UBIETO de Ayerbe, Chon y Emilio, que dejaron atrás carreras y proyectos para consumir en cada hoja del calendario su íntima aspiración de ser útiles a traves de sus aficiones. De esta manera ejercen, tras la puerta de su negocio, de consultores y puede que de confesores para todos aquellos que les gustan las setas pero las temen. Ellos con paciencia docente, cuentan y recuentan los pequeños consejos a tener en cuenta, a la vez que en sus alacenas maravillosos productos esperan turno. Sin prisa, sin pausa, sin el aldabonazo de la cercana campana del reloj renacentista, como si cada cliente fuese un amigo a quien proteger. Otro día prometo traer aquí imagenes de su especial universo abierto a todos los públicos, aquí en Ayerbe, al lado mismo… y daré detalles de los insignes libros en los que navega Emilio, premiados por gentes de acuyá a los que no les averguenza reconocer los méritos de los demás. 

Hoy traigo los ojos llenos de colores que anuncian el apogeo del final, de la llegada del invierno, de los meláncolicos bosques que se arrebujan silenciosos. Traigo los ojos llenos de ocres y magentas que agonizan en un rincón casi mágico y cercano, tan cercano que habremos pasado de largo tantas veces como la memoria nos traiciona. Ese paraiso, increiblemente perdido pero milagrosamente conservado se llama VILLALANGUA. Muchos lo conocen, quizá los convenientes, pero muchos más lo ignoran a fuer de conocerlo en carteles de tráfico, de manera que conserva su universo de Pirineo afable con suaves alturas y desconcertantes bosques, con crestas rocosas kársticas donde habita el eco y anidan los buitres y la paz como señora de ese reino escondido. Y aquí, un buen dia, Pilar e Isidoro, como los aventureros pioneros, desnudaron sus bolsillos para vestir su premonición y con sus sueños como únicos garantes, rehabilitaron una gran casona para ser el refugio de viajeros en busca del arca perdida, concepto este que engloba a todos aquellos que huyen de lo común y prefieren lo auténtico. Aventura económica sin red y con la templanza necesaria para hacer muchas cuentas sin ánimo de lucro. Pero aquí están, sonriendo a todos los que llegan, hospitalarios sin importarles cuántos. Valientes. Iluminados. Seguros de su apuesta y vencerán, porque tienen su meta bien orientada y el ideal de vida diáfano y concreto. Merece la pena que vengáis, por muchas cosas,entre ellas para poder escuchar a Joao Gilbeto en mital de la comida. Por probar su pastel de berenjena, que me parece único. Por ver como ponen su ilusión en cada detalle. Por la vista del Valle que dormita camino de Salinas Viejo. Por tantas cosas que no tengan importancia mientras estemos allí .LA POSADA DE VILLALANGUA. http://www.laposadadevillangua.com/

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