Papeles de Recienvenido y Continuación de la Nada. Macedonio Fernández.

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Papeles de recienvenido y Continuación de la nada. Macedonio Fernández. Barataria.
“Yo iba a contestar al Ministerio interpelante que no podía reinar el hambre en Alemania porque, como república que era -según se advertía por la orientación de las calles y la costumbre de que los habitantes de las casas las ocupen por dentro-, ninguna entidad puede reinar en ella”.
 Páginas 41 y 42.
 
“Alguien dirá: <<Pero Reciénvenido, ¡otra vez de cumpleaños! ¡Usted no se corrige! ¡La experiencia no le sirve de nada! ¡A su edad cumpliendo años!>>
Yo, efectivamente, entre amigos no lo haría. Mas en las biografías nada más exigido”.
Página 69.
 
“[…] saltarían del planeta las 298 morales, las 1.413 religiones, las 921 superioridades de raza y nacionalidad y los 198 motivos de envanecerse de habar nacido en algún punto (¡qué trabajo me dio formular tantas cifras variadas sin repetir centenas ni decenas!), cuyas despedidas entidades, encontrándose y fundiéndose, compusieran un grumo que tapara el agujero de entrada al mundo de la infatuación y la mala voluntad”.
Página 87.
 
“Pero los 450 millones de moradores de Europa tienen una productividad mental conjunta que fácilmente impresiona, sin embargo de ser proporcionalmente, acaso, exigua hoy. No diríamos lo mismo de la Inglaterra de hace 60 años, la Francia de Voltaire, Lavoisier, Laplace, Rouseeau, Lagrange, Lamarck; de la Alemania de 1860, de la España del siglo 16. Ya hicimos salvedad de lo pasajero de las superioridades y sus causas”.
Páginas 107 y 108.
 
“Tengo un lote de enfermedades, pero creo que con una me bastará al fin. No las combato porque no sé cuál es la que necesitaré mi último día, día que espero será muy concurrido y en el cual todo el mundo descubrirá, con un talento que siempre disimularon, que yo era buena persona (como lo proclamaba en vano)”.
Página 173.
 
“Y se dirigió directamente a casa de Conan Doyle. Había nacido máximo pesquisante; ahorcó a éste por mal novelista policial, y rectamente fue luego hacia la tumba de Poe, sobre la que escribió: <<Estás vengado Edgardo Poe>>”.
Página 193.
 
No es fácil escribir sobre la obra de Macedonio Fernández, ni es fácil leerla. Estamos ante dos aparentes compilaciones de artículos o brindis aparecidos, también aparentemente, algunos de ellos en diversas revistas o publicaciones de la época.
El valor de Barataria al rescatar al autor es inmenso ante un público cada vez más ahíto de novelas sin gran calado donde los hechos se suceden continuamente. Macedonio Fernández contemporáneo y amigo de Borges y Ramón Gómez de la Serna con cuyos escritos se cierra y abre el libro respectivamente, tenía una pluma endiabladamente ingeniosa, llena de humor, de filosofía y de agudeza. Donde hay una contradicción podemos rascar hasta encontrar una duda. Donde niega lo que acaba de decir se reafirma. Donde su ironía es, como La Pampa, llana e infinita, también hay mucho más.
Macedonio Fernández ponía en tela de juicio casi todo y a casi todos, se posicionaba claramente en Literatura, y en gustos, y rechazaba de plano las estatuas y las vanaglorias vacías. Pero, más allá de estas características que saltan a la vista, ¿a qué estructura responden estos libros? ¿Son en realidad recopilaciones de artículos/reseñas/brindis a amigos y artistas o esconden una línea que los une, que les otorga una personalidad común? Macedonio parece teorizar sobre la novela y sus personajes pero nada se concreta. A veces parece que inicia una leve narratividad que se pierde sin desembocar en una historia que cuaje.
Su humor es algo que destacan sus contemporáneos pero yo me pregunto, ante tanta queja solapada por la falta de lectores y su insistencia en presentarse como alguien “sin importancia”, alguien que es la “Nada” y que teoriza sobre la continuación de la Nada no hay una amargura fina provocada por el éxito de escritores con mucho menos talento pero un público más amplio.
La lectura tiene que ser reflexiva o no será en absoluto productiva porque la sonrisa que provoca su texto aparentemente contradictorio va más allá de la originalidad que lleva a la sonrisa como sucede con las agudas greguerías. Su texto contiene una filosofía, un pensamiento crítico contra normas establecidas o a favor de artistas de quienes suele evitar hablar con un elogio fácil y simple, porque eso sería lo esperable y porque eso probablemente desmotivaría al lector o al que escucha a conocer sus obras.
  
 
 

Especialmente agudas las “ocurrencias” de El Bobo de Buenos Aires. Más fáciles quizá de entender, como si fueran las crónicas de “El pobrecito hablador” pero  hechas con la ironía argentina de Macedonio: “Primero anduve preocupado en advertir a muchas personas en la calle que se les estaba quemando tabaco en la punta del cigarrillo y causándoles mundo humo en la cara” (página 230); “He aquí que en un tranvía acudí en socorro del culto viajero en momentos en que el guarda lo quería obligar a comprar ese trocito de literatura que sacan de una máquina e imponen a cambio de 10 centavos” (página 231); “Como su padre puso a su hotel el nombre de <<Gran Hotel>>, el hijo, poeta, subtitulaba a todo poema suyo Gran Poema. Pero no por haberlos leído transigía nadie en que el Gran Hotel fuera otra cosa que un hotelucho malo” (Página 236); o también “-Se exagera mucho sobre el aumento de la locura: en una sala donde sólo están dos personas nunca hay más de dos locos” (Página 248).

 

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