Nuevas pistas para resolver el misterio del autismo

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La comunidad científica desconoce las causas que provocan el autismo. Ahora, una investigación internacional publicada en Nature ha revelado patrones comunes en cerebros que sufren la enfermedad. El hallazgo podría aplicarse para estudiar otros trastornos neuronales.

Nuevas pistas para resolver el misterio del autismo

“A pesar de la variedad de causas que provocan el autismo, hemos descubierto que la enfermedad sigue una patología unificada (a escala molecular) en más de la mitad de los casos”, asegura a SINC Dan Geschwind, autor principal del estudio e investigador del departamento de genética humana en la Universidad de California (EE UU).

El artículo, publicado hoy en Nature, demuestra diferencias ‘consistentes’ entre cerebros sanos y otros que sufren autismo. La organización de las transcripciones del ARN (ácido ribonucleico) y la unión de los genes no son iguales en ambos órganos. Además, existen anormalidades en estas uniones que están relacionadas con la enfermedad.

Los expertos desconocen si la enfermedad está causada por factores genéticos o ambientales, que modifican el correcto desarrollo molecular en el cerebro. “Lo que sí sabemos ahora es que hay dos procesos: uno envuelto en el funcionamiento neuronal y otro relacionado con la activación inmune”, afirma Geschwind, quien mantiene que el primer proceso provoca la aparición del segundo.

La investigación resultará útil para explicar las causas subyacentes de la enfermedad. Además, gracias a las conexiones establecidas entre autismo y otros trastornos neuropsiquiátricos como la esquizofrina, los autores esperan que el hallazgo pueda aplicarse en otros trastornos “y así puedan ser estudiados de forma más amplia”.

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Referencia bibliógrafica:

IrinaVoineagu, XinchenWang, Patrick Johnston, Jennifer K.Lowe,Yuan Tian, SteveHorvath, Jonathan Mill, RitaM.Cantor, Benjamin J. Blencowe, Daniel H. Geschwind. “Transcriptomic analysis of autistic brain reveals convergent molecular pathology”. Nature 473, 25 de mayo de 2011. DOI:10.1038/nature10110

Fuente: SINC

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