Basquiat. 50 aniversario

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JEAN MICHEL BASQUIAT, 1960-1988, hubiera cumplido en el pasado 2010, cincuenta años. Probablemente sería el artista más polémico y controvertido a la vez que el más famoso, pero quiso el destino que pasara a engrosar las prietas filas de los muertos por sobredosis en plena fama, que al menos les garantiza el status de Mito. Su temprana muerte a los 28 lo llevó de cabeza a la posteridad, acompañado de su arte radical y libre, callejero y provocador, que hoy día, después de 22 años sigue siendo la vanguardia más absoluta.
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Su vida en Nueva York, abandonada su casa paterna, tuvo como bandera de enganche a todos los movimientos que bullían en la gran manzana, más bien la gran marmita, donde la modernidad se guisaba en los variados menús de la nueva cultura; cineastas, actores, músicos, artistas y demás personajes que pululaban por el Down Town. Basquiat, que con 17 años estuvo en una high school para alumnos superdotados y de la que fué expulsado por rebeldía, creó una personalidad ficticia a la que llamó SAMO (same old shit) (la misma vieja mierda), con la que inundó las tapias del Soho y del Village. Sus grafitis eran una sátira de la sociedad de consumo americana, a la vez que un aldabonazo a las conciencias. Vivía en la calle, durmiendo en cajas de cartón. La primera gran aparición pública de su trabajo fue en el Times Square Show, en el que dieron cabida a nuevos talentos . Un director de cine, Glenn O´Brien, se fijó en él para acabar ofreciéndole el papel protagonista de su película NEW YORK BEAT. Corría el año 1980. En el 81 tuvo lugar la mayor exposición de las nuevas tendencias, en la que más de 160 artistas llevaron sus trabajos. Basquiat coincidió en el NEW YORK/NEW WAVE, con genios como Keith Haring o Robert Mapplethorpe. Ese mismo año viajó a Italia, Módena, donde una de las galeristas del evento le procuró su primera exposición individual.
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El icónico Warhol lo invitó a colaborar, junto con Francesco Clemente, en su Factory, siendo Basquiat centro de todas las atenciones. De ese fructífero periodo han quedado diversas obras, fruto de su trabajo en común. Posteriormente, Basquiat se alejó progresivamente de Warhol.
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Sus ocho años de carrera, pues murió en el 88, descubrieron al mundo una de las personalidades más formidables del arte moderno, con una nueva forma de crear, fascinante e intuitiva, donde el color junto con la violencia contestataria del trazo, era el camino donde extraer, de su partícular infierno, todas sus extrañas criaturas y figuras que han dado una perspectiva diferente de la sociedad, por la que pasó como de puntillas, por lo breve, pero como definición de un neoexpresionismo primitivo y auténtico que lo hizo actor y no espectador de lo que vivió.
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En el 50 aniversario de su nacimiento, la Fundación Beyeler de Basilea ha organizado la mayor exposición del artista, con más de 100 obras, desde las más tempranas hasta creaciones monumentales o sus pinturas en colaboración con Warhol, pero siempre deudoras de la pintura rápida que inspiro su alias de SAMO. Los guiños al cómic y al mundo del grafitti le permitieron a su vez introducir sutiles lemas poéticos, que eliminaron la barrera invisible entre el espectador y el soporte, como injerencia asumible por una crítica ácida pero irónica, denuncia, sin concesiones, de la injustia social.
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Julian Schnabel, compañero de los primeros tiempos en la Movida de Nueva York, dirigió una pelicula basada en la vida del artista que ofrece una visión de su ascenso y caida como ser humano, muy interesante y descriptiva.
 
Basquiat sigue vivo. Que así sea por siempre.

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