¡Mátame! Marisol Galdón. La Tempestad. 2010

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«Ya, desde muy temprana edad, empezó a ejercitar su imaginación, enardecida por las fascinantes imágenes del cine, su gran afición, desparramándola sobre los demás, inventándoles vidas emocionantes o aburridas, según la ocasión o el grado de inspiración que despertaran en él, pero vidas siempre problemáticas. Porque ahí estaba él, el gran Anton Merchant, capaz de desenmascarar al más hábil de los malhechores, capaz de desfacer los entuertos más enrevesados. Gracias a su juego, tenía la oportunidad de procurarse casos fascinantes para el detective, que eran brillantemente dirigidos por el cineasta».

 Página 73. 

 «El OTOÑO HABÍA decidido mostrarse aquella mañana en su estado más cálido y sereno. Tras la tormenta del día anterior, el mar brillaba hoy lanzando destellos dorados de sol. Las rosas se aferraban a sus tallos con tozuda firmeza, sabedoras de que, en cuanto cayeran, no habría nuevos capullos sustituyéndolas. Las dalias desplegaban sus enormes flores vistosas y se entremezclaban con los crisantemos, las azaleas y las anémonas formando unos arriates profusamente coloreados».

Página 108.

 

«El sol, perezoso, había permitido que las nubes le comieran el terreno y ahora andaba a tontas y a locas con ellas, que le vacilaban y no lograba meterlas en su redil».

Página 212.



 Marisol Galdón es un nombre conocido en el periodismo español, especialmente, entre el gran público, por su época como presentadora de los informativos en una de las cadenas privadas de ámbito nacional. ¡Mátame! es su primera novela, donde ha optado por el género negro y de suspense para el bautismo de fuego. El arranque tiene la originalidad de tomar como punto de partida una obra bien conocida por los lectores del género: El talento de Mr. Ripley. Un personaje influido por esa novela, y sin muchos escrúpulos o cortapisas morales, decide probar todo tipo de sensaciones en la vida (lo cual le permite una indemnización por el fallecimiento de sus padres en un accidente aéreo). Entre las experiencias que quiere vivir se encuentra matar a alguien y crear el asesinato perfecto… 25 años después de estar seguro de haberlo conseguido su víctima o alguien que dice ser la víctima, reaparece.

 

El misterio está servido.

La autora ha querido darnos una elegante y delicada atmósfera reproduciendo familias acomodadas de la costa francesa en los alrededores de Cannes, y también rendir de paso un homenaje al cine a través de un personaje detective que se imagina dirigiendo películas y evocando a autores y actores míticos por su carisma y peso. A este personaje, detective joven, corporalmente grande, algo desgarbado y soñador, se le coge un cariño por la inocencia de sus deducciones, por la falta de «maldad» que su trabajo podría haberle otorgado al ver tantas infidelidades, deslealtades y trapos sucios. El hombre despierta el espíritu materno en las mujeres de cierta edad, y transmite confianza a todas, precisamente por su afabilidad y su nivel moderado de torpeza.  

Sin embargo, y aunque está claro que la escritora domina un vocabulario amplio y las herramientas que le permiten utilizar el idioma con soltura, el oficio de la novela negra se le escapa a veces por un sumidero donde los agujeros pueden ser grandes cuando se intenta describir una personalidad tan compleja como la de un ser humano sin remordimientos que ha construido una vida familiar y ha guardado durante años un lado «oscuro» de su personalidad que le ha devorado el alma hasta dejarle sin ninguna.

El argumento queda bien resuelto, con los cabos claramente atados para que el lector comprenda perfectamente el desenlace. Pero los personajes, que intentan describirse con una profundidad adecuada a la que corresponde a un asesinato: verdugo y víctima con sus dramas internos, quedan a veces dibujados por fuera sin que lleguemos a disfrutar de la disección del alma humana o de su carencia. Se trata de una lectura sencilla, fácil, dirigida a un público muy amplio que, eso sí, tendrá dosis adecuadas de suspense sobre el desarrollo de la historia y el reencuentro de los protagonistas veinticinco años después. La historia no queda deshecha o perdida por los saltos a un pasado que explica la situación actual ya que la linealidad domina sobre la estructura y no hay excentricidades formales para satisfacer a los críticos.

En general quizá lo más complejo de encajar en la historia es un cierto buenismo o cariño que Marisol Galdón vierte sobre algunos personajes, convirtiendo casa cada aparición secundaria, en una pequeña historia donde «todo el mundo es bueno» y se quiere y se ayuda: ex-novios, dueñas de hostales, amigos acomodados, médicos de familia… En un thriller desentona esta tónica general que, si bien podría servir para confrontar (como en un violento claroscuro) al asesino con el ambiente positivo general y hacer de él un monstruo depravado en comparación, por otra parte genera un ambiente blando, suave en exceso el que chirría el resto del entramado, trama real que da sentido al libro.

 

Novela agradable, sencilla de leer, para un entretenimiento sin complicaciones.

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