Pompeya, la ciudad renacida

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La violenta erupción del volcán Vesubio, acaecida en el año 79 , sepultó a Pompeya y a Heculano bajo una colosal capa de cenizas, que las presevó de la total destrucción hasta que en 1550, el arquitecto Fontana descubrió, accidentalmente, los primeros vestigios, aunque no fué hasta 150 años más tarde cuando se organizó la campaña para desenterrar ambas ciudades.
Los restos más antiguos de Pompeya  se remontan al siglo IX  A.C. Se tienen datos que ya existía como ciudad en el VII a.c. administrada por los Oscos, pueblo de la Italica central. En el siglo V a.c. fué dominada por los Samnitas, que conquistaron toda la Campania. En el año 89 a.c. Pompeya participó en la Guerra de la Confederación Samnita contra Roma para acabar riendiéndose ante Lucio Cornelio Sila, que la convirtió en colonia romana con el nombre de Cornelio Veneria Pompeianorum. Por su situación geográfica, se transformó en un importante punto de paso para mercancías que llegaban por mar a su puerto, para ser enviadas a Roma o al sur por la Via Apia. Pero también su situación geográfica le tenía deparado un destino cruel por estar enclavada en una profunda zona sísmica y volcánica. Ya en el año 62 de nuestra era, sufrió un devastador terremoto que destruyó gran parte de la ciudad. Se reconstruyó parcialmente, pues amplias partes de la ciudad no tuvieron tiempo de ser restauradas cuando aconteció la gran erupción del Vesubio en el año 79, según nos cuenta Plinio el Joven, aunque hay teorias de que la fecha del 24 de agosto es un error de transcripción, en el medievo, de dicho texto, ya que los descubrimientos posteriores en la excavación, hallaron numerosos frutos de otoño y los lagares llenos, que indica que la vendimia se había producido, siendo más fácil diagnosticar que la erupción tuvo lugar en Octubre o Noviembre de ese año.
En el año 1748 comenzó la gran tarea de la excavación de Pompeya y el Patrón de esta monumental empresa no fué otro que el Rey español Carlos III, también Carlos VII de Nápoles. Visitó en numerosas ocasiones los trabajos,  nombrando como director de obra al ingeniero aragonés Roque Joaquín de Alcubierre, colector y mantenedor de numerosas esculturas encontradas durante treinta años siguientes y que hoy dia se encuentran en Madrid, Roma o Nápoles.
Puede parecer sorprendente el buen estado de conservación de El Foro, los Baños así como de numerosas casas y villas de recreo, pero hay que tener en cuenta que la gruesa capa de ceniza volcánica actuó como un manto protector, aunque en realidad, durante la erupción, la ciudad sufrió los mismos efectos de un bombardeo, siendo destruidos los tejados y muchas construcciones grandes que quedaron en estado de ruina. En la II Guerra Mundial, los aliados bombardearon sistemáticamente Pompeya, destruyendo buena parte del Teatro Grande y el Foro. Posiblemente este hecho bárbaro se guiaría por la mal entendida idea de preservar la civilización occidental de los desmanes de los fachisti italianos o alemanes.
En el recorrido por  la ciudad,  de las más visitadas del mundo, declarada por la Unesco en 1975 Patrimonio de la Humanidad, una de las cosas que más impresionan a los turistas son la figuras de yeso de los pobres habitantes que no pudieron huir y salvarse a tiempo. En 1860, el arqueólogo Fiorelli, tuvo la idea de rellenar con yeso los huecos que había descubierto en la ceniza con restos humanos. De esta manera obtuvo unos moldes que mostraban con gran precisión, el último momento de la vida de aquellos seres. En algunos la expresión de terror es claramente visible, otros intentan no respirar los gases tóxicos que los mataron en ese instante, tapandose la boca con pañuelos, hubo quien se dió prisa por morir, dejando a su lado pequeñas botellitas con veneno. Toda una galería de horrores que muestra la muerte sin pudor. ¡Quien les iba a decir a aquellos ciudadanos de la Roma floreciente que su tránsito a la otra vida quedaría registrado para la posteridad!  Ironía del destino, diria Zeus.
Los maravillosos frescos lucen ante nosotros con todo su esplendor. El lupanar tiene una frescos de carácter erótico que da idea de la importancia del lugar para los habitantes. El cardo y los dos decumanos crean el tejido de calles rectilineo del mas puro estilo de ciudad romana. El teatro grande, los templos de Júpiter y Apolo, de Venus, la Basilica, el Macellum, el gran mercado cubierto. La Palestra, El Foro, Eumaquia.  El tiempo detenido en el siglo I. Merece la pena recorrer todo lo visitable, menos de un tercio de los edificios abiertos en la década de los 60, pero aún así se pueden necesitar varios dias. Pompeya sorprende detrás de cada esquina, como hace veinte siglos.

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