Cultura

Año Borges: “Yo, me meo en Borges”

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                                                                                                                 Borges con Augusto Pinochet

 

 “El Borges hablado, ese Borges de conversaciones, de conferencias, de entrevistas, y también el de los ensayos y las críticas, siempre me ha parecido pobre, y más bien superficial. En Argentina me citaban a menudo como excelentes las frases ingeniosas de Borges. Pues bien, siempre sufría una decepción. Aquello sólo era literatura, y ni siquiera de la mejor.”   Witold Gombrowicz

Así de fuerte suena: “Yo, me meo en Borges”. He de reconocer que soy punk. “No hay futuro” gritaba Johnny Rotten, y estoy de acuerdo con él. Miro a mi alrededor y comprendo a la perfección Del inconveniente de haber nacido de Emile Cioran. No hay futuro, eso lo tengo claro, y para expresar dicho sentimiento me meo en Borges, en el pedestal donde le tienen como si fuera un dios, como perro callejero; y también me cago sobre su broncínea imagen, con corrosivo excremento blanco de paloma. Y es que Jorge Luis Borges encarna la tradición de una “cultura oficial” semejante a una excrecencia del sistema fracasado que nos gobierna: icono que ahora me permito derribar.

Detesto al Borges que apoyó con vehemencia a las dictaduras militares de Argentina y Chile; condeno al Borges clasista que miraba con desprecio a los obreros y trabajadores que sacaban adelante a sus familias con sueldos de miseria; censuro al Borges apegado a la élite institucional y cultural de su país; no me gusta el Borges continuador de una tradición literaria sin rupturas; maldigo al Borges incapacitado para escribir una novela; me avergüenzo del Borges sumiso ante las faldas de su madre, al Borges con complejo de Edipo; no me gusta el Borges impotente sexual, el asexuado, el que nunca supo comprobar la humedad de una vagina; rechazo al Borges formal y modesto en apariencia, el hipócrita de voz tierna, el Borges simulador que al final nos desenmascara Bioy Casares; desprecio al Borges ataviado con saco y corbata, con el atuendo de la formalidad, el que ya siendo un adulto pedía permiso a su madre para llegar tarde o salir con una mujer.

Reconozco que Jorge Luis Borges escribió cuentos maravillosos, pero en su producción no todos alcanzan dicha excelencia: en ellos se distingue la misma estrategia repetida hasta la saciedad, el truco y el artificio, la pirotecnia. Borges fue capaz de escribir los mejores cuentos pero también los peores, tanto como el mismo Aleph que lo representa: una mediocre narración con un final para asombrar a los tontos. Pero incluso, ahí, la crítica no condena ese monumento de cartón piedra: la percepción de un escritor sobrevalorado. Si la figura del intelectual contemporáneo se significa por su independencia frente al poder, cuestionar la realidad, capacidad de disentir y generar corrientes de opinión, en Borges predomina lo contrario, pues él personifica al escritor sumiso ante el poder, el que acepta los convencionalismos sociales, el cobarde que rechaza el sexo, el escritor de buena factura estilística que se vende al sistema para justificarlo, o sea, el antiintelectual perfecto. Si otros escritores miraban hacia fuera, hacia el mundo para explicarlo o analizarlo, viendo la creación literaria como un canto a la libertad, Borges, por el contrario, se canta a sí mismo, sólo especula con las ideas rechazando cualquier posición crítica, para así asumirse como el escritor de la oficialidad, razón por la cual a Borges se le ha perdonado todo: sus coqueteos y alabanzas para las dictaduras militares de derechas, las que proponía, como teórico de lo abismal, para todo el continente Americano y acaso para el mundo. A Borges, repito, se le ha perdonado todo, no como a Ferdinand Céline por su antisemitismo y muy a pesar de haber escrito un monumento literario como Viaje al fin de la noche, donde asume el papel del intelectual genuino que tanto molesta al poder.

“Yo, me meo en Borges”, insisto. Soy punk y prefiero la otra tradición, la que siempre cuestiona, la que se enfrenta al poder, la mal portada, la directa, la inconformista, la iconoclasta… Prefiero a Franz Kafka con sus novelas inacabadas, a Henry Miller durmiendo al cobijo de un puente en París, a Antonin Artaud en el manicomio, a Allen Ginsberg redactando Aullido bajo los efectos del LSD, a Jack Kerouac de viaje hacia California por la Ruta 66, a William S. Burroughs quemando en una cuchara su dosis de heroína, a Jim Morrison en éxtasis sobre el escenario, al profeta Bob Marley con sus canciones de amor y paz, a Johnny Rotten gritando “no hay futuro” y al replicante albino de Blade Runner muriendo bajo la lluvia.

Cuando te enfrentas a Borges como lector te deslumbra, pero cuando lo haces como escritor descubres sus trucos, sus debilidades de estilo, y la tan mentada “inteligencia borgiana” se transforma es una pose, una simulación bien disfrazada, pues esa inteligencia de desploma con el Borges antiintelectual que justifica, con razones míseras, superficiales y torpes, a las dictaduras militares de derechas que pisotearon la democracia y la libertad. Yo, me meo en Borges. Viajo hasta el cementerio en la ciudad Ginebra, allí donde está enterrado, y lo hago sobre su tumba. Soy punk. Prefiero mil veces a Omar Viñole con su vaca y sus escritos irreverentes, y al Witold Gombrowicz marginal con sus rupturas experimentales diciendo: “Maten a Borges”.

Con este escrito sé que importuno a las mentes convencionales, pero no voy a permanecer callado, prefiero mil veces seguir meándome en Borges una y otra vez, seguir escribiendo lo que siento y pienso, a pesar del parecer de los alienados por el sistema y su cultura oficial. “A mí, no me dan gato por liebre.”

Pablo Paniagua, celebrando el Año Borges desde la disidencia.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

1 Comentario

  • Estoy de acuerdo en no idolatrarlo como una estirpe de oficialidad. Pero esta noción que nos justifica, tambien va en contra de toda esta, la cual es que primero hay que saber lo que es ser escritor de verdad para criticar hacia donde ir, y parir un par de exitos al menos. Sino no estamos fallando contra el mundo, sino contra los hechos, contra nosotros mismos, al no crear, no es una ley inventada por los gobiernos, es la verdad. Obvio que se endurece mas al no tener contacto y publico sano, habitual, propio de esta epoca de mierda que son todos artistas y nadie aprecia el arte, ni tiene facilidad para exponerse, es extraño.
    Pasando por lo literario, todos esos escritores que mencionas creo que tienen menos libros y cuentos buenos que Borges. Stephen king en ese caso tiene un monton de novelas mas que todos esos. No se, saca tus conclusiones.
    Lo que critico de Borges es que tiene unos pocos libros, son 5 o 6 de cuentos, y 2 o 3 no son del todo buenos, como en 70 años de escritura. No tiene tanto material. Rescatemos tambien que sorprendia bastante citando lugares, datos, como lector, creando paradojas, confundiendo, era un escritor extraño. Lo que pasa es que en esos pocos libros, fue tan distinto y conciso, que te quedan ganas de leer al menos a alguien parecido a Borges, pero con otros errores. No he leido a todos obvio, pero siento un vacio en la musica, en la literatura, que pocos llenaron. Uno fue Borges. Y en cuanto a la musica, vamos que el punk tiene sus contradicciones, David Bowie utilizaba el genero y lo mezclaba, y ha demostrado ser mas genio que todos esos musicos punks. Por favor, la ideologia punk es tan feble como la del pop o cualquier otra, todos estan prestados al juego, al entretenimiento, a la musica.

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