Entrevista a Francisco Castillo Martos. Del amor y otras tristezas.

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Hace unas semanas reseñábamos el último finalista del Premio Odisea (ya en su XII Edición): La historia más trsite del mundo. La novela, breve, nos paseaba por Madrid a través de los ojos de un joven de casa bien barcelonesa que viaja a la capital en busca de su propio camino. En este camino nos encontrábamos con travestis, chaperos y un local con cuarto oscuro. Hasta ahí podría decirse que la obra responde a un número de clichés, y sin embargo la perspectiva con la que están mirados los personajes, las suaves reflexiones sobre la capital, “los jugadores de parchís” (personajes entrañables), y la importancia en la obra del mundo radiofónico la convierten en una apuesta mucho más original de lo esperado. Para que nos hable de ella hoy “asaltamos” a su autor.

Ellibrepensador: Te aviso que mi primera pregunta siempre tiende a ser algo agresiva o cuando menos osada. Te voy a poner en un aprieto. ¿Me puedes explicar por qué elegiste a Lydia Lozano y Mila Ximénez para los prólogos? Ignoro si tienen alguna experiencia previa en este tipo de menesteres, pero a tenor de lo leído me atrevería a decir que no. 

Francisco Castillo Martos: La idea de que el libro estuviera prologado por alguien conocido fue un propuesta de la editorial. Me pareció bien la iniciativa y recurrí a Mila y Lydia que aceptaron encantadas de inmediato. Las elegí a ellas porque he trabajado con ambas en diversas ocasiones, tengo cierta confianza con ellas y me gusta esa pasión con la que afrontan la vida tanto para lo bueno como para lo malo. Estoy especialmente satisfecho con sus escritos y les agradezco mucho su esfuerzo.  

El: Después de la maldad inicial me desplazaré a zonas más cómodas. En tu libro tiene un importante peso la voz radiofónica, desde la estructura a la forma de narrar lo que hoy llamaríamos nanorrelatos, que se van incrustando en la novela. ¿Homenaje, originalidad, aprovechamiento de la experiencia profesional? 

FCM: Yo creo que es una mezcla de todo lo que tú apuntas. Por un lado, homenaje a esos programas de radio nocturnos que escuché hace años y que te hacían el insomnio más llevadero y, por otro lado, la herencia de cuando trabajé en diversos programas televisivos de testimonios. Uno de los trabajos más duros en el mundo de la televisión es ser redactor de testimonios y convencer a personas anónimas para que cuenten sus problemas en televisión. No es nada fácil escuchar diariamente las miserias reales de la gente. Al final te afecta también anímicamente. (Me parece que me he desviado del tema, perdón). 

El: Mis personajes favoritos de la novela son los que he bautizado como “los jugadores de parchís”. Contienen esa inocencia de la gente mayor que, a pesar de haber vivido tantas cosas, es capaz de ser feliz con un tablero, doce fichas y un dado. ¿Cómo consiguieron su pase a esta novela “gay”? 

FCM: Es una forma de ampliar miras y de que la novela interesara no sólo al público gay. No quería hacer una novela en la que todos los protagonistas fueran gays o vivieran en un geto gay. Además los dos personajes están inspirados en personas reales que encontré en un bar. Me pareció enternecedor que dos ancianos jugaran al parchís y no a la baraja o al dominó. Era la vuelta a la infancia.   

El: El libro arranca con un “abandono”. Y lo entrecomillo porque se trata de una relación de apenas dos meses y parece responder a ese sambenito de promiscuidad que se ha concedido a los homosexuales o a esa incapacidad para mantener vivo un afecto en cuanto surgen desavenencias, y que es aplicable a toda la sociedad occidental contemporánea. ¿Qué opinas tú al respecto? ¿Qué quería decir la novela en este punto? 

FCM: Hay relaciones de tres meses que te pueden marcar más que una relación de tres años. A mí me pasó. Es duro que en plena efervescencia de un amor, te digan “ya no te quiero”. El desastre es mayor que cuando el amor ya se ha apaciguado después de tres o cuatro años de relación.

El: El protagonista tiene un acercamiento especial a Madrid. Como persona de otra provincia descubre la capital y la recorre caminando continuamente, todo su corazón histórico, San Isidro (donde sucede una escena muy peculiar que habla de la naturaleza egoísta y envidiosa del alma humana, sobre todo cuando está dolida)… ¿En qué medida Pau está expresando tu propia relación con la capital?

FCM: Reconozco que Pau es en gran medida el reflejo de su autor. Confieso que he vertido bastante de mi propia experiencia en este personaje, pero también hay mucho de invención. Para tranquilizar a la gente que me estima, les aclararé que nunca me he intentado tirar desde el viaducto de la calle Segovia tal y como intentó Pau.  

El: El sexo en este libro sobrevuela continuamente: travestís de la calle Montera, chaperos de Sol, un cuarto oscuro… pero hay un cierto pudor a la descripción del acto en sí. Sorprende que en una época tan dada a la porno-literatura hayas querido dejar los detalles a la imaginación del lector. ¿Pensaste que no aportaba nada a la historia, que podía distraer del mensaje principal? 

FCM: Podría haber escrito y reproducido muchas escenas tórridas y de sexo explicito en la novela ya que, personal y profesionalmente tengo mucha experiencia en ello, ji, ji. Hace años trabajé en una línea erótica. Preferí alejarme del cliché de literatura gay llena de escenas de sexo por todos lados. Ya hay muchas novelas gays repletas de sexo para escribir otra más. Me gustaba ser más sutil y dejar que la imaginación del lector trabajase un poco. Además quería que mi madre pudiera leer la novela sin tener que sonrojarse.

El: Literariamente hablando, ¿qué es la tristeza para Francisco Castillo Martos?

FCM: Es algo necesario para poder disfrutar de la alegría cuando esta llega. Y digo de la alegría, no de la felicidad. La felicidad completa no existe.

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