Los fragmentos de Norma Jeane

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Sobre mi cama, libros, fotografías y artículos que hablan de ella. La vida secreta de Marilyn Monroe de J. Randy Taraborrelli, Las vidas secretas de Marilyn Monroe de Anthony Summers, Marilyn de Jean-Jacques Nudet o Marilyn Monroe de Javier Cuesta, entre tantos y tantos textos escritos acerca de su persona y su papel en este teatro llamado vida.

Su rostro como perdido, mira hacia ninguna parte; estrella intermitente que brilla para todos, menos para sí misma. Esas fotos que observo pueden decirme tantas cosas, pero realmente no dicen nada… a excepción de una. Su jersey de cuello alto azul oscuro resalta el color de sus ojos, mirada de miope y tristeza conjugada con una especie de sonrisa que no quiere sonreír, porque hay algo en su interior, demasiado dolor y demasiada soledad.

Es ésta la fotografía que la define, la que nos habla de cómo era, de lo que sentía y de lo que pensaba realmente Marilyn Monroe. Y es ésta la fotografía que nos invita a abrir los intensos Fragmentos de Norma Jeane.

A través de sus escritos podemos conocerla a ella, tal cual, puesto que los escribió para sí misma, para desahogarse, para sentirse liberada y tranquila, y ver las cosas desde otro punto de vista… no lo hizo en ningún momento pensando en lo que pensarían los demás al leerlo, simplemente, lo escribió. Y ya está. Por eso es mucho más fiable, por eso podemos creer en sus palabras así, tal cuales se presentan, con tachones y correcciones e ideas confusas, mucho más que en las cientos de biografías y miles de artículos que se han escrito y escribirán sobre ella, algunos de los cuales se esparcen sobre mi cama ahora.

Tierras movedizas con nombres propios… Miller, Sinatra, Kennedy… directores y productores de cine, profesores de interpretación, compañeros de trabajo…periodistas y admiradores por todas partes que solo veían una cara y un cuerpo de ensueño, cuando en realidad estaban ante una belleza de diosa y un alma de niña… y de poeta.

“Ay, maldita sea me gustaría estar
muerta – absolutamente no existente –
ausente de aquí – de
todas partes pero cómo lo haría.
Siempre hay puentes – el puente de Brooklyn
Pero me encanta ese puente (todo se ver hermoso desde su altura
y el aire es tan limpio) al caminar parece
tranquila a pesar de tantísimos
coches que van como locos por la parte de abajo. Así que
tendrá que ser algún otro puente
uno feo y sin vistas – salvo que
me gustan especialmente en especial todos los puentes – tienen
algo y además
nunca he visto un puente feo”

De todos, éste fragmento sobre la muerte es el que más me llama la atención. Norma Jeane hace referencia al suicidio lanzándose al vacío desde un puente porque lo único que desea, pudiendo tenerlo todo, es desaparecer de la vida. Y, sin embargo, lo único que le lleva a rechazar la idea es la belleza del puente en sí y lo bien que se siente, espiritualmente hablando, cuando está paseando por alguno, especialmente por el puente de Brooklyn. Es asombrosa la capacidad de ingenua fascinación que escondía tras esa imagen de rubia explosiva… Tanta sensibilidad entre tanta tristeza…

Los Fragmentos escritos entre 1943 y 1962 (año de la muerte de la actriz), prologados por Antonio Tabucchi, nos muestran los propios documentos escaneados, donde podemos apreciar la enrevesada caligrafía de la actriz poeta y, con esto, el reflejo de su compleja personalidad, acompañados de transcripciones literales y traducciones correspondientes. Además, fotografías inéditas hasta el momento donde podemos observar a una Marilyn Monroe más desinhibida y, quizás, más Norma Jeane que nunca.

¿Cómo era Norma Jeane? ¿Qué le gustaba? ¿Qué sentía y qué quería? ¿De qué cosas se reía? ¿Cómo era el sonido de su risa espontánea? ¿Qué hacía en su tiempo libre? ¿Alguna vez se sintió tan especial como el mundo la sentía?Y así una y otra y otra y otra pregunta, que suman tantas y tantas incógnitas que no van a resolverse nunca. Porque a la verdadera Norma no la conoceremos nunca. Porque quizás ni siquiera ella misma se conocía. Y nosotros no podremos hacerlo a través de sus películas o sus biografías, y mucho menos a través de la tal Marilyn Monroe. Quizás, tan sólo un poquito, a través de esos pequeños fragmentos de su alma.

“A veces pienso que sería más sencillo evitar la vejez muriendo joven,
pero entonces no se llegaría al final de la existencia, ¿verdad?
Y uno nunca se conocería a sí mismo.”
Marilyn Monroe.

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