Nuevas formas de cooperar

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Toneladas de alimentos de Brasil, dinero de Estados Unidos y logística de España, por ejemplo, para resolver una crisis humanitaria en un país africano. No es una utopía. Es una nueva forma de cooperación entre los países. Más eficiente y racional. Porque algo tan evidente como que la comida que sobra llegue a aquellos que más lo necesitan, no es la manera de trabajar de las organizaciones y organismos internacionales.
España y Brasil son los impulsores de un nuevo concepto de cooperación en las graves crisis humanas que vive nuestro planeta por la codicia de algunos, las catástrofes naturales, las guerras… La idea de españoles y brasileños es hacer que la cooperación sea eso, una verdadera fórmula de colaboración y solidaridad entre los pueblos para paliar las necesidades puntuales de los más desfavorecidos.
La iniciativa surgió en el año 2009, después de que Centroamérica sufriera el paso de los huracanes “Ike” y “Gustav”. Brasil realizó una gran campaña de recogida de alimentos a través de su Programa Hambre Cero. Los brasileños respondieron y se recogieron más de 40.000 toneladas de alimentos (leche, arroz y maíz). Pero las autoridades brasileñas necesitaban a un “socio” con experiencia para poder llevar la ayuda a su destino. Fue entonces cuando el entonces presidente Lula pidió ayuda al presidente español, Rodríguez Zapatero. La AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) se hizo cargo de una gran operación de logística, quizá la más grande desarrollada hasta el momento. Los alimentos, por fin, llegaron a la población de Haití, Honduras y Cuba. Con esta gran acción humanitaria no sólo se paliaron las necesidades de alimentación de esos países, sino que también se consiguió reducir los costes de este tipo de actuaciones y crear un sistema de cooperación donde el flujo de la ayuda no fuera sólo del Norte al Sur. Y así, por ejemplo, países receptores de ayuda se están convirtiendo también en donantes. Es lo que ha ocurrido con Sudán, que donó al Programa Mundial de Alimentos más de 9.000 toneladas de sorgo, que se repartieron en Etiopía. O Tailandia, que donó 7.000 toneladas de arroz excedente para la población de Haití.
El éxito de esta propuesta hace pensar en que se convierta en una nueva forma de trabajo, donde los esfuerzos se racionalicen para conseguir más y mejor ayuda. La AECID calcula que en la acción humanitaria que llevaron a cabo entre Brasil y España, con el mismo presupuesto, se consiguió el triple de impacto en la población centroamericana. Y eso es una cooperación más eficiente y eficaz. Ya está prevista una nueva “triangulación” para dar respuesta a una de las crisis humanas más largas y difíciles: Somalia. Brasil vuelve a poner los alimentos, Estados Unidos pondrá el dinero para el transporte de los alimentos hasta Somalia y España se encargará de la logística y el reparto de los alimentos junto al Programa Mundial de Alimentos.
La cooperación internacional es atacada, por muchos, por su despilfarro o por su falta de eficacia y rapidez. Los noticieros y los periódicos se llenaron de noticias de lo mal gestionada, por ejemplo, que la ayuda internacional ha estado en Haití, devastado por el terremoto, o en Pakistán, tras las inundaciones… Y no les falta razón. A veces, son muchos los países que envían una misma cosa o una vez enviada no hay nadie para repartirla o se queda en el camino y no llega a los que verdaderamente lo necesitan. Una verdadera cooperación entre los países, donde cada uno ponga lo mejor que sabe hacer o que tiene, puede ser la clave para gastar menos y llegar a más. Porque mejor ayuda significa menos pobreza.

Ana Muñoz Álvarez
Periodista

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