Crítica de “Amigos”

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Salí del cine destemplado, ya no sé si por el aire acondicionado de la sala o por los tremendos altibajos de este nuevo tratado sobre la amistad y la inmadurez masculinas que bajo el título de “Amigos” llega a nuestras pantallas con la idea de ofrecer un producto fresco y atractivo.

Y de entrada lo es, no te voy a decir que no, porque la sinopsis es apasionante, pero poco bueno se puede decir de una cinta en la que la sinopsis es mejor que la película. La idea de parodiar el mundo televisivo de hoy en día es fantástica, tardía, porque mira que han tardado en atreverse, pero realmente atractiva, y es una pena que todo se vaya entre la yema de los dedos de los debutantes Marcos Cabotá y Borja Manso, que no saben dar con el ritmo cómico que la cinta requería.

Eso sí, sólo disfrutar de Ernesto Alterio en plan comedia total es una delicia tal que merece la pena pagar los euros de la entrada. Porque Ernesto, como el gran actor que es, puede doblegar cualquier papel que se le ponga por delante y hacerlo suyo, pero la comedia, la comedia loca es donde mejor se desenvuelve. Sin duda, lo mejor de la película.

Por lo demás, el guión es demasiado flojo, no ya tanto por el desarrollo de la trama como por los gags que en lugar de provocar la carcajada hacen que mires a tu vecino o vecina de butaca como preguntándote si has visto lo que crees que has visto, algunos sobrepasan lo gracioso y caen en lo burdo, y otros se quedan demasiado cortos. Al final, no más de 3-4 gags funcionan correctamente.

En definitiva, “Amigos” era una película que me apetecía mucho ver, más que nada para escapar del calor tórrido que funde mi cerebro, pero una vez que la he visto me he quedado un poco frío, con la impresión de que el material y los actores daban para más a poco que hubiera caído en otras manos.

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