Butes. Pascal Quignard. Editorial Sexto Piso. 2011.

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            “¿Por qué la música es capaz de ir al fondo del dolor? Porque es allí donde ella mora?”.
Página 16.
            “¿Qué hay en el fondo del deseo de arrojarse al agua? ¿Qué hay en el fondo del deseo de sumergirse en la cosa que obsesiona: de dar el último salto; de lanzarse sin demora y decididamente en pos de lo que se ignora; de franquear el Rubicón; de romper las amarras; de liberarse de todas las precauciones; de arrojarse a la boca del lobo; de jugar a fondo perdido? Extrañas expresiones que una misma antigüedad reúne”.
Página 21.
             “Aristóteles escribió que la psyché –en latín el anima, en francés el aliento [souffle]– es como una tablilla en la que el sufrimiento se escribe.
La música viene a leer allí”.
Página 75.
 
                 Hay libros breves que marcan deliciosamente nuestro pensamiento. Libros que no se olvidan como San Manuel Bueno, mártir. Se trata de lecturas que hacen nuestras delicias porque llaman a lo más íntimo y personal que hay en nosotros. Es cierto que Quignard, por la riqueza de sus referencias culturales, y la fuerza de los mitos sobre los que habla, se hace a veces obscuro, o complejo, exigente para el lector, pero esto es, a nuestros ojos, uno de los placeres que la Literatura no debería olvidar.
            El libro navega en aguas que son mezcla de lo filosófico, lo mitológico, lo arquetípico y lo poético… dentro de un todo musical. No se puede decir que el texto sea narrativo, pues su naturaleza es más filosófico/simbólica, reflexivo en grado sumo, pero hay elementos poéticos, hasta el punto de que uno de los capítulos (IX. Antaño) es en sí mismo una perfecta unión de versos bellísimos y profundos:
            “De pronto lo antiguo se precipita.
                    Lo antiguo cae de las nubes.
                    Es el rayo mismo.
                    El trueno es la voz de este animal enorme y ex
            tremadamente negro que se llama tormenta.
                    Los relámpagos saltan desde lo alto del cielo con
            El deseo de venir a tocar la tierra”.
            Por otra parte, tomar mitos antiguos y deliberar a partir de ellos, implica un cierto grado de narratividad, de historia, aunque mínima, sobre la que el lector puede iniciar también su pensamiento para aceptar y seguir las teorías de Quignard o no, pero en las que ya es insoslayable detenerse, siendo uno de esos grandes valores del autor: rescatar esos arquetipos, esas historias antiguas, propias también de nuestra cultura occidental y arraigadas en sus mismas raíces, pero que han sido “olvidados” o dados de lado por la mayoría. Quizá porque no son fáciles, o no son cómodos.
            ¿Quién es Butes, el boyero? Uno de los famosos argonautas en busca del Vellocino de oro. Ellos conocieron la experiencia de las sirenas antes que el audaz (y egoísta) Ulises/Odiseo. Curiosamente antes de ellos algún marinero tuvo que pasar por el mismo mar pues ya sabían que no debían escucharlas, y por eso Orfeo, otro de los compañeros de Jasón, toca su cítara para evitar que las atiendan y poder salvar así su vida. Sin embargo, cuando ya se han alejado y el peligro ha pasado, Butes es el único que, abandonando los remos, se tira al agua para acudir hacia ellas.
            ¿Por qué lo hace? ¿Qué significa realmente ese gesto? ¿Por qué nadie más le sigue? ¿Qué es el canto o pre-canto arrítmico e irracional de las sirenas, pájaros con busto de mujer cuyo número no es seguro como no lo es del todo su fisonomía? Sobre todo esto nos habla el autor de este libro que sabe profundizar en lo que podría ser esa seducción de lo anterior al razonamiento, al superyó y el significado de la música esencial, la música real, primigenia.
            La formación musical y la formación filosófica de Pascal Quignard demuestran ser hondas, fructíferas, y como en todo pensador de calidad, se interrelacionan junto con otros conocimientos para formar la base de un pensamiento bien construido, cultural, psicoanalítico (ahí está el superyó que mencionábamos y los arquetipos de Jung) tanto como trascendente y lírico.
            Izanagi (mito japonés), Schubert, Orfeo… y una final revelación personal se mezclan en esta construcción exquisita que sabe utilizar lo más sólido del pensamiento, lo más íntimo, como la mejor ingeniería, pero vestirlo de los adornos más hermosos en su sencillez, pues integran la propia estructura, como en la arquitectura de Gaudí.
            Un libro para leer, para pensar, para vencer miedos y vivir con plenitud nuestra existencia. Absolutamente imprescindible y bello como una danza báquica.
 

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