Al rescate

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mercaderes en el templo

Macael, un pueblo almeriense de 6.120 habitantes, que tiene una plaza que lleva el nombre de un pueblo hermano: Esplugues de Llobregat (Barcelona). Por las deudas, la plaza Esplugues seguirá existiendo, pero podría dejar de ser una plaza pública, una plaza del pueblo, para convertirse en la plaza de la constructora Rus (hoy convertida en Eiffage Infraestructuras).  Para que  funcionen los servicios públicos, hemos de pedir prestado el dinero que cuesta su funcionamiento. Por ejemplo: para mantener iluminada una calle, por la que toda la ciudadanía puede pasar “más segura”, hemos de endeudarnos para comprar las farolas. Pongamos que hablo de una escuela, donde se eduque en vecindad; o de la compra de aparatos radioeléctricos para precisar los  problemas de salud del paciente. Si no te prestan, no puedes tener farolas, ni escuela, ni rayos. Si te prestan, quedas a deber  su coste con intereses. Si al final no puedes pagarlo, el prestamista sale al rescate: esto es, se escritura para sí las farolas, la escuela, los rayos. Me ha alertado la noticia de Macael. La plaza pública se transustancia en privada. Es decir los Mercados tienen el poder mismo de los alquimistas, quienes todo lo transforman en oro. Ellos, los Mercados, cuanto tocan lo convierten en propio y pasito a pasito van conquistando la Energía: sobre pueblan las ciudades  o dejan despobladas las tierras aún no comerciales; nadan en mares o dejan sin agua potable  a la mitad de la Humanidad; en este mundo de los Mercados mueren aprisa los niños, y existen paraísos fiscales. De la plaza de Macael culpan al anterior alcalde. Éste opina que el posible embargo de la plaza no es un problema… sino una oportunidad de ahorrar. “Podría venir bien. La empresa no podría construir en la plaza ni alterar sus elementos y sería una carga menos para el Ayuntamiento” (Diario Público). Los Mercados también fabrican necios.

 

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