Bloguerrero

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La vida está allá afuera, dice el niño bastardo de los ojos de algodón, lo cual es una verdad a medias porque la vida y la cartera son las dos cosas que uno más pierde en la vida. Por ser tan insignificantes, siempre se olvidan, en una banca, en la barra de la cantina, en un eclesial bostezo dominguero, en el autobús. Afuera o adentro da lo mismo, la vida a veces está y otras no está donde uno la dejó, piensa el niño bastardo de los ojos de algodón, mirada de hierro candente que no se despega de su laptop. Los fines de semana los pasa, sin excepción, en Cuernabook, es cristiano por imposición pero blogger por convicción, lector asiduo de posts de quinta (o de primera, que es lo mismo). Nadie lo rescata de la red porque él no pide ser salvado, y, además, ¿de qué o de quién hay que salvarlo? si aquí cada quien se entrega en humano sacrificio o monta sus armas con lo que hay. Si de alguien hay que guardar al niño bastardo de los ojos de algodón, es de su mundo intransitable y su traicionero superyó.

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