El justo ante el Poder

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El justo ante el Poder

Entiendo que justo es aquel que cumple las leyes divinas. El que cumple las leyes humanas, emanadas  del querer ser reconocido y tener, que forman el Derecho, podrá ser un buen ciudadano, un cumplidor de los códigos que emanan de los centros del poder del mundo. Y si lo hace, el mundo le recompensará a su modo o no lo hará de ninguna manera, pues nada puede esperarse de quienes gobiernan según el Derecho o contra él, ya que sus intenciones y su voluntad son  tan ocultas a los gobernados como sus cuentas corrientes, y estas tan abundantes como sus mentiras.

En todo caso, ser justo y ser buen ciudadano puede ser incompatible a menudo, y abundan demasiado los ejemplos  en que hombres justos son perseguidos o  sentenciados a muerte precisamente por ser un estorbo para el Poder. Naturalmente para que en estos casos no parezca un asesinato se disfraza de Derecho, como viene siendo desde hace miles de años. Este es, por ejemplo, el caso de Jesús de Nazaret, el único Justo que ha pisado este Planeta, y que ahora  es el  caso de sus seguidores en la actual Alemania (*)

Incluso dentro del propio ejercicio del Derecho, hasta  cualquier juez puede ser repudiado por sus propios compañeros de oficio y juzgado a sus vez  si se toma demasiado en serio el ser justo y choca por ello con  la ideología  dominante del poder judicial, siempre conservadora en diversos grados hasta llegar a la sumisión total  al poder político dominante. Porque si alguien cree que los jueces son neutrales es que aún cree en Papá Noel.

La justicia del justo choca antes o después con el Derecho, porque el llamado Derecho se basa en las leyes del yo humano, del mío, mí y para mí, que son las leyes del Ego, siempre aspirante a dominar a los más débiles en beneficio propio. por ello, el Derecho representa la cambiante faz del Poder, pues según cuál sea el dominante, promulgará leyes que llamará justas y tendrá jueces que las apliquen a su medida.

El  que busca ser justo  no aspira a otro poder ni a otro dominio que al poder  y dominio sobre sí mismo: sus pensamientos, palabras, percepciones, sentimientos y  actitudes, que son los cinco componentes que nos recuerda Cristo con los que se hace el trabajo de  evolucionar desde el ego  o yo inferior hasta la conciencia superior; desde el yo humano al yo divino, cuyas leyes son inmutables y eternas, como los Mandamientos o el sermón de la Montaña, que son los códigos de justicia universal.  Y en hacer este trabajo interno – que no es poco- el que busca ser justo  justo encuentra el sentido de  su vida, alcanzará la plenitud y no necesitará reconocimientos ni  coros de aduladores  ni otros  sumisos que le presten su energía, ya que vive con  la energía que  viene de Dios y por ello no  exige ninguna a sus  semejantes. El  que busca ser justo, por tanto, no desea pertenecer a las élites dominantes, ya  que inevitablemente  imponen abusos, injusticias, y muchas otras formas de atentar contra las leyes divinas, cuando no abiertamente contra las leyes humanas que esas mismas élites afirman defender, y de ahí el uso y  abuso del Derecho, que siempre mantiene enfrentados entre sí a quienes aspiran a poseer Poder.

El justo  tampoco  anda tras las riquezas materiales, porque  en su vida interior  halla con creces la riqueza  que el rico insatisfecho no encuentra, por más oro que esconda en sus arcones. Esto no quiere decir que  el justo rechace la riqueza material, pero si le llega por una razón u otra -que nunca haya supuesto el cometer injusticia para conseguirlo-  sabe que es un simple administrador  y no un agujero negro  o un usurero. Por tanto, moverá su riqueza hacia la socialización de los bienes  creando organizaciones que la hagan posible;  o hacia la producción de nuevos bienes, pero nunca explotará a un semejante ni tendrá su cuenta  evadida en un paraíso fiscal, ni organizará actos violentos para adquirir  poder o prestigio.

Para muchos, cegados por el sistema materialista, estas palabras acaso puedan parecerle fuera de la realidad, y la visión de un hombre justo, una utopía. Sin embargo, el hecho de que los haya habido y los haya –aunque sean minoría- muestra que no solo es posible la justicia,  sino que el futuro de la humanidad será necesariamente el de los justos, tal como Cristo anunció, y  que desde milenios vienen predicando los profetas y los hombres y mujeres iluminados de todas las épocas. Si de algo podemos estar seguros es que la forma egoísta del vivir materialista dominante nos está arruinando la vida cada vez a más personas y en más de un sentido, y a eso hay que buscarle una alternativa espiritual y filosófica que conduzca a una sociedad renovada, donde el igualitarismo, la libertad de pensamiento, la justicia, la hermandad y el sentimiento profundo de unidad  sea el modo de vida  normal y civilizado  de la misma manera que hoy prevalece una barbarie primitiva con todo lo contrario a esos nobles valores, y que causa  la autodestrucción de esta falsa civilización que hemos construido tan equivocadamente.

 

{*} Véase www.alternativartv.com

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