Cultura

Tangos

   El día que me quieras despuntará el alba repleta de candor. No habrá un solo murmullo que enturbie nuestro ensueño. Las rosas estarán galanas y el azahar a punto para envolver tu cuerpo. Las estrellas, recelosas, observarán nuestro deambular. No arraigará el denuesto. Lejos se marcharán los odios. No campeará la niebla más a su antojo. “No existirá el dolor”.

Volver al anchuroso río de nuestros primeros besos: aquella alegría temprana, aquellos golpes de alma blanca, aferrados a un misterio, aquel barquito de papel navegando presuroso por el Odiel marinero, aquel embrujo de colores, aquel primer amor… “Que es un soplo la vida”.

La Cumparsita me lleva por los senderos de tu recuerdo ya encallado en un puerto lejano y amarillo por donde un día, el día en que te fuiste, navegué con mi velero por ver si en un requiebro de gaviotas te iluminabas de nuevo. Si supieras… Desde aquel día, el perrito amigo, al verme solo, también me dejó.

Caminito, que eres el testigo fiel del pasear de las norteñas bajo la luz de la luna. Tu aire de música pensativa y honda, el balbucir húmedo de tus sollozos. Que eres una sombra, como yo. Recodo por donde dejan sus huellas impresas los solitarios y los amantes. Luciérnaga bendita. Caminito de sal y fuego. Caminito plateado. Caminito… un collar de humo. “Y que el tiempo nos mate a los dos”.

Tomo y obligo, caído como plomo sobre el mármol del velador, caídos los hombros, caído el rostro y el corazón. Los ojos balanceantes, buscando más allá del fondo de la copa que engarza entre los dedos. En la penumbra del último rincón. La hora exacta de su negra melancolía. Cafetín de tres al cuarto. “Que hoy necesito el recuerdo matar”.

   Silencio en esta noche aciaga, repleta de entuertos, amarga y zafia. Silencio. Que una viejecita de canas blancas cabecea, solitaria, ante el cristal de la ventana. Que un murmullo de aflicciones atraviesa amenazante la sala del ser y del estar. Silencio. Que suena el clarín desafiante. Silencio. Que los hombres se matan en el campo de batalla.

Mi Buenos Aires querido, ciudad del Plata, ciudad bruja. Calle arriba y pensativo, desde el Bajo hasta la Chacarita. Buenos Aires, lamento de bandoneón incontenible, quejido misterioso. Compañera infatigable de mis pasos, “ciudad porteña de mi único querer”.    

 (Foto: Wikipedia)

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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