Volveré mucho más tarde de las doce, de María Castrejón

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Volveré mucho más tarde de las doce, de  María Castrejónvolveré mucho más tarde de las doce. maría castrejón. Egales Editorial. Desatada  Editorial. 2011.
«mastico tierra / deshago escaras / persigo plástico relleno / escupo barro / busco banderas-y-amuletos / junto las manos hasta hacerme sangre».
anti cuerpos. Página 44.
«feo / el foco de la luz que ilumina a la estrella / fea la luz / fea la estrella / feo / el ojo de la estrella que mira la luz / fea la estrella / fea la luz / fea / la mano que golpea al niño / feo el golpe / feo el niño / fea la lágrima del niño que moja el puño / feo el niño / feo el puño».
Página 63.
«mi padre aún no ha asesinado a mi madre / utilizamos cuchillos cada vez más gastados»
mantis religiosa. Página 92.
«No quiero cuerpo / estigmas de tacones / ni polla ni coño / ni los ojos de mi padre / rodillas con chinchetas / clavadas en la tierra»
anti cuerpos. Página 43
Volveré mucho más tarde de las doce no es un poemario fácil. Ni siquiera amable. Por momentos me recuerda a ciertos dibujos surrealistas: no sé del todo muy bien lo que veo, pero en ellos hay dolor, angustia, rechazo… Los términos que provocan sensación de herida, de corte, de desagrado, o incluso de asco son comunes, entre nombres de supermercados y productos que sitúan al libro innegablemente en la sociedad de nuestros días, frente a la que parece lanzarse una crítica por su consumismo y su alienación.
De hecho, el único fragmento del libro en el que el sentimiento de pérdida no nostalgia de lugar a versos «dulces» son los contenidos en hades:
«solo espero el momento de meterme en la cama / con un buen libro de poemas de amor / y cuando el sueño me pueda/ lameré el hilo de mi almohada como si fueran / tus labios o unos labios que nunca beso».
hades. Página 78.
Regalos tax free junto con marcas de caldos de pollo parecen hacer extraños compañeros de verso con referencias míticas como Perséfone, Deméter o Hades, pero volveré mucho más tarde de las doce escapa de lo tradicional para sacudirnos con extrañas imágenes que comparten fragmentos de la vida cotidiana contemporánea con situaciones que se repiten desde que el hombre creó los mitos para explicar su existencia, sus miedos y sus arquetipos. Es curioso, además que en otra apuesta formal, ortográfica, la autora elimina casi todas las mayúsculas, del título, de después de punto y de nombre propio. Casi todas quedan excluidas, (excepciones encontramos en los Noes detrás de punto, en palabras que se quieren enfatizar como TAN, etc.) de forma que los poemas son en realidad perséfone, deméter o hades, en un aparente intento de restar importancia a lo que incluso parecía divino. Nada merece una mayúscula, todo es vida cotidiana, realidad de barro, arcilla a masticar, polvo del que estamos hechos. Y el polvo, no parece merecer mayúscula. Pero no se trata de una tendencia por imitar a Joyce, ya que sí hay signos de puntuación: puntos, comas… el ritmo sigue influyendo en la forma poética de maría castrejón en líneas generales, aunque con excepciones como «el hámster doméstico»
Hay un malestar de la autora, un deseo por destacar aquello que resulta más doloroso, punzante, afilado. Pero no se trata sólo de una crítica  o un rechazo a la sociedad o el mundo que la rodea. Todo empieza por ella misma, basta leer algunos términos de «autorretrata»:
«dicen: naciste sola / abrazo sucio / dedos deniza virus / […] ese cuerpo formado a base de chinchetas».
Página 70.
Si bien es verdad que parece describir el momento del nacimineto y que hay una concesión a la ternura que suscita un bebé: «tres kilos ochocientos / es el peso de tu alma de peluche», no pierde ocasión de hablar del dolor, de la pérdida: «nuestra es la sangre pegada en el zueco». La visión del parto es sobre todo dolor y suciedad. De igual forma en la página 34 parece destacar la dificultad de encajar en un mundo en el que se siente el polo opuesto,  y siente las agresiones de los demás: «Soy el polo opuesto / no atraigo / me chocan / me buscan / me agreden / me sangran / me golpean / me tocan / y huyen / me empujan / me tiran al agua».
Es un grito de queja, es un terrible quejido este poemario que deja una sensación de rabia, de dolor y de violencia en ciernes a punto de consumarse que sale de algún rincón oscuro y manchado del alma: «No me sale del coño / escribir / me sale de los cobardes / que se comen a los muertos / y a los enfermos / que los arropan mientras hablan por teléfono / de las bragas talla-s». Página 25.
Un poemario para inconformistas, anti-consumistas, y personas abiertas al surrealismo doloroso de una versificación que huye de casi todo cuanto huela a ternura o nostalgia, dulzura o amor.

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