En los huesos

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Qué se siente el progreso, erigir un puente, desmoronar las piedras apiladas por milenios en un cerro, hacer mascotas de diseño, perros tristes, felices dueños, difundir el desprecio por la diversidad todos los sábados en horario estelar, qué se siente la fealdad, hacer casting cada día para el teatro de la felicidad y quedarse en una silla esperando, soñando con participar en American idol, que la foto y el espejo no devuelvan una imagen apta para la audiencia dominical, morir de hambre contemplando el banquete opulento del otro, ser un vuelto que nadie quiere, la moneda que no vale la pena levantar, qué se siente esta doctrina tan chispeante donde es pobre quien se deja y rico el que es maleante, pedir ayuda a un hombre sin rostro que se esconde detrás de una vitrina, el dios de los magnates no oye gritos de gente desconocida, qué se siente el desaliento, la cuchilla del progreso rebanando la mirada del explorador de los no ilesos, oír la mentira en labios de quien se ama, escribir algunos versos que no por ser básicos dejan de herir un alma hundida, que, desde los huesos, grita: vivir nunca será una batalla perdida, qué se siente la inmensidad, ser uno junto al otro sin joder a nadie más, mi semejante, el polvo, mi madre, la mar, mi amiga tu lengua y tu cuerpo mi hogar, qué se siente la sonrisa, agua tibia que se agita por un surco y lo suaviza, vagar bajo una sombra en la mañana, ser amante de quien se ama.

 

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