Refundar la conciencia

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Ha salido en casi todos los medios de la mass media la noticia de la niña china de dos años, que ha sido atropellada doblemente por el mismo conductor de una camioneta, de tal manera que tras atropellarla una vez, el cuerpo de la niña queda arrastrado debajo de la carrocería junto a las ruedas traseras, y el conductor consciente del atropello se detiene por unos instantes, duda en bajar y atenderla, pero lo piensa “mejor”, y seguidamente pone en marcha de nuevo el vehículo que vuelve a atropellar a la niña, pasando de nuevo por encima de su cuerpecito, escapándose. Nadie acude a socorrerla hasta que se ve en el vídeo cómo una mujer se acerca a la niña, y la recoge en sus brazos retirándola de la carretera.

Pudiera pensarse que la acción caritativa de buen samaritano de esta mujer haya sido bien acogida por la sociedad china, pero no ha sido así, sino que ha sido criticada por muchos sectores de esa sociedad, acusando a la mujer de afán de notoriedad y de avidez por la codicia de obtener una recompensa económica por su acción aparentemente benéfica.

Dadas las críticas que ha recibido su país por las democracias occidentales, por la falta de conciencia social de sus gentes, el gobierno chino ha consentido en dar una recompensa a esa mujer, loando su acción. Ella ha dicho que dará ese dinero a la familia de esa niña, actualmente ingresada en coma en un la UCI de un hospital chino. Comenta la buena samaritana que su acción ha sido desinteresada y que siempre que ve que una anciana que tropieza y  cae, ella ayuda a socorrerla.

Por lo visto en dicha sociedad, el que socorre a un necesitado y lo lleva al hospital, corre el peligro de cargar con los gastos de toda la atención médica y estos pueden gravarse  mucho si se prolonga la estancia, por lo que sale mas barato compensar a la familia del muerto.

Parecería que esta noticia viene de lejos y que no tiene que ver nada con nuestra orgullosa sociedad occidental. Puede achacarse que China aunque dentro de una práctica económica de tipo capitalista, sigue siendo un país marxista-leninista, que coarta las libertades personales, recordemos como ejemplo como los tanques barrieron el intento de conseguir libertades democráticas en los incidentes de Tiananmen, masacrando en aquella noche del 3 de Junio de 1989, a los jóvenes intelectuales chinos, pero sustancialmente  en poco se diferencia nuestra sociedad, sobre todo si sigue esta espiral de deshumanización progresiva a la que se nos está intentando someternos.

Una vez que nuestra conciencia, queda manipulada y reconvertida con la cultura del hedonismo egoísta y de la muerte institucionalizada, todo es posible, quedamos indefensos y maniatados por lo viene a llamarse progresismo democrático.

Una democracia que intenta vaciar nuestras conciencias, nuestras creencias superiores, tachándolas de desfasadas y caducas en pro de un falso progresismo, no es una democracia sino una dictadura, sea del color que sea.

Efectivamente las doctrinas totalitarias llevadas por gobernantes sin escrúpulos que siguen “hojas de ruta” señaladas de antemano, y manipulan a la sociedad  borrando las conciencias críticas individuales que pueden hacerles frente, convierten a la sociedad en marionetas programadas, engañadas con falsa democracia (recordemos las llamadas democracias populares) de tal forma que las sociedades quedan sin defensa, maniatadas, anestesiadas y sin capacidad de reacción, y además engañadas con apariencia de una falsa libertad que radica únicamente en la satisfacción a la carta de los instintos básicos del ser humano y del derecho al voto cada cuatro años.

Desprovistas de valores integrales donde pueden reinar  la misericordia y  solidaridad con el prójimo (pró-ximo),  el hombre en estas condiciones se bestializa y actúa únicamente por intereses bastardos y gregarios, por puro  interés económico o de poder como ocurre también en muchos de nuestros gobernantes. La corrupción reina por todas las partes, se institucionaliza  y la consecuencia se manifiesta materializándose a la vista: multitud de desheredados viven  ya en el umbral de la pobreza, sin trabajo, sin oficio y sin beneficio, desheredados nuestros jóvenes  no solo de la fortuna material sino de la esperanza de una vida mejor, con lo que caen mas en las redes de la droga y pornografía.

¿Qué es en realidad lo qué esta ocurriendo en nuestra sociedad, aparentemente libre y democrática? ¿Por qué hemos llegado a esta  crisis económica?

Asistimos en definitiva como origen fundamental de ella,  a una crisis de valores, a un vaciamiento de las conciencias solidarias, a un implante puro y duro de la cultura de la muerte, donde los valores fundamentales de la persona, entre ellos la vida humana queda reducido a moneda de compra-venta.

Por egoísmo se solicita el aborto y por intereses económicos actúan los que los llevan a cabo. Y de igual manera se quiere institucionalizar el derecho a la eutanasia activa o a la  pasiva donde bajo la apariencia de atención solidaria al enfermo terminal, acaba por desproveerle de la asistencia ordinaria de todo ser vital, enfermo o no, como es la propia alimentación ordinaria, y así de paso liberarse de cargas inútiles que gravan las arcas públicas. El Estado disfrazado de “garante” de derecho de la persona se erige como un nuevo Dios que autoriza quien debe de nacer y quien y cuando debe de morir. Así  ha ocurrido con el llamado derecho de la mujer al aborto llamado de plazos. ¿Cuándo un derecho puede fundamentarse en una sentencia de muerte para un inocente, cuando independientemente incluso de la ética, la ciencia sigue repitiendo continuadamente que el cigoto, el embrión, el feto, es en todo momento un ser humano desde el momento de la fecundación y que no puede establecerse una separación en todas estas fases biológicas de cuando o no deja de ser humano.

Por el hedonismo del poder los políticos de turno ceden ante los chantajes nacionalistas, que  exacerban las diferencias naturales de las comunidades y las elevan a nacionalismos egoístas, insolidarios y excluyentes de los que no piensan como ellos. Por la misma cultura de la muerte, el terrorismo, para el que todo vale para conseguir sus fines totalitarios, aniquila vidas inocentes convirtiendo además las víctimas en verdugos y los verdugos en víctimas, intentando justificar el crimen, llegándose a un relativismo moral escandaloso.

Efectivamente se ha llegado a un relativismo donde todo vale para conseguir unos fines políticos, hasta sembrar la discordia y la división entre todos nosotros, retomando viejas discordias ya superadas y alimentando de nuevo un odio fratricida, que puede volver de nuevo a destruirnos.

La indignidad y la corrupción se han institucionalizado, y ellas son también la

concausa de lo que llamamos crisis económica. La causa fundamental a nuestro entender ha sido el “vaciamiento “de nuestra conciencia de sus valores fundamentales.

Se dice que todos los partidos políticos son iguales, y aunque el peligro de corrupción y de ingeniería política manipulativa puede afectar a todos ellos,  todavía a mi entender existen diferencias fundamentales respecto a la valoración humanística por los diferentes partidos de nuestro espectro político, del concepto y valoración integral de la persona. El respeto a la vida humana desde la concepción, es decir desde la unión de los gametos masculino y femenino hasta el fin natural de la vida humana, es uno de los parámetros que hay que tener en cuenta a la hora de discernir y valorar el programa de un partido político, porque el respeto a la vida humana, a toda vida humana, constituye el primer derecho fundamental de la persona, especialmente de aquellos como los niños no nacidos y los enfermos desvalidos que no pueden defenderse. La asistencia a los discapacitados ya físicos o psíquicos, así como la adecuada asistencia sanitaria al resto de la sociedad, es otro de los parámetros a evaluar en nuestra democracia. La educación de  los niños y jóvenes con un programa educativo sin manipulación y sectarismos políticos, e  impregnada de los valores tradicionales de nuestra cultura cristiana son para mi fundamentales, a efectos de ayudar a formar una conciencia ética que en definitiva discierna el bien del mal. Y luego, todos los demás derechos sociales, laborales, de respeto entre la patronal y los trabajadores que garantice unos salarios justos, y que facilite al empresario prestamos razonables por parte de la banca para la creación de empleo. Los sindicatos lejos de enfrentar a los trabajadores con la patronal y fomentar conflictos por intereses políticos, deben de ayudar desinteresadamente a esta labor social, ayudar en definitiva a crear un clima social sin crispaciones, que nos ayude a todos para que pueda reducirse de forma significativa en los próximos años el paro que atenaza nuestra sociedad.

Una sociedad donde sus miembros, actúen por puro interés, vacíos de valores cristianos  como se ha denunciado en  la sociedad china que hemos puesto de ejemplo, o  como puede suceder en la nuestra, que ya de hecho está ocurriendo, con un intento de ingeniería política para vaciar las conciencias de contenidos morales fundamentales y manipularlas, no tiene futuro, aunque llegásemos a disfrutar un día de una aparente abundancia material.

Hay que refundar de nuevo nuestras conciencias; están muchas malheridas por el odio y el rencor, vaciadas de contenidos fundamentales e impregnadas de egoísmo hedonista, compradas algunas por el poder de turno que esperan su correspondencia con el voto interesado como buenos estómagos agradecidos. Hasta la conciencia basada en la ley natural se ha resentido por este ataque relativista, con el “todo vale” para justificar los fines partidistas.

Los valores éticos de la persona basados en la propia ley natural, que impregnaban el corazón de las gentes y que tanta similitud guardan con la propia ley mosaica del decálogo judío, se han intentado desintegrar. Muchos débiles, muchas victimas del terrorismo denuncian que la propia justicia, la de los hombres no les defienden y por el contrario benefician a los verdugos. Todo vale, sacrificado  a los intereses del poder de turno.

Solo caminando hacia una refundación de nuestra conciencia con valores de la ética cristiana, con una apertura generosa a los valores evangélicos: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc 3: 20); solo una verdadera llamada a la experiencia personal del laico o seglar, una podíamos llamar: mística del día  a día, realizando nuestras tareas, nuestros deberes diarios con un corazón transformado evangélicamente, pueden refundar de nuevo, a nuestro entender, conciliar  una conciencia individual con una nueva apertura comunitaria que garantice el derecho natural con la solidaridad hacia los mas necesitados de nuestra sociedad, como aquella pobre niña china atropellada ante la indiferencia de aquella sociedad, y solo atendida por la generosidad natural de aquella buena mujer samaritana.

 

Bernardo Ebrí Torné

Miembro de Asemeya y de A.A.E.

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