Entrevista a María Castrejón. La poesía y la verdad desnuda

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Portada del libro. La retratada, sin rostro, es la autora.
Portada del libro. La retratada, sin rostro, es la autora.

Hace unas semanas reseñábamos un poemario muy singular: Volveré mucho más tarde de las doce. El libro nos llamó la atención por su doloroso anticonformismo, por su sangrante versificación, por su escasa amabilidad. María Castrejón (o maría castrejón, siguiendo la ortografía propia del libro) parecía querer convertirse en una antítesis de Bécquer y su romanticismo consumido hoy sobre todo por adolescentes en las primeras horas del sentimiento. Con su realidad contemporánea convertida en verso, con su crítica del consumismo y el mercado la poetisa parecía querer situarnos no sólo en el siglo xxi, sino contra él, a base de decirnos con claridad aquello que nos rodea, con el asco o la repulsa que le provoca. Sin embargo bajo estas apariencias hay un mensaje profundo, ahí están los míticos Perséfone, Hades y Deméter… Intentaremos que la autora nos desvele ese mensaje y su sentido de la poesía.

Ellibrepensador: Por cierto, ¿María Castrejón o maría castrejón? ¿Por qué este jaque a las mayúsculas?
María Castrejón: Realmente es curioso porque mi letra, la que hago a mano (a veces todavía escribo y lavo a mano), siempre es mayúscula. Ahora que me enfrento a esta pregunta creo que usaba este formato en busca de una mayor claridad y con la intención de desjerarquizar las tipografías. En el poemario utilizo a mi antojo mayúsculas y minúsculas cuando tengo la necesidad de destacar o disipar algo. El jaque se lo hice hace mucho tiempo a las minúsculas, quizá tengo una especie de deuda con ellas…
Ellibrepensador: Sigamos por una pregunta incómoda, poco afable: ¿por qué un poemario tan árido, tan duro? ¿No crees que el lector puede sentirse alejado, rehuir este espinoso desierto?
María Castrejón: Los lectores en general se sienten bastante alejados a priori del que creen espinoso y duro lenguaje poético. Creo que cuando escribes poesía ya partes de un lugar muy muy lejano y yo, por lo menos, no me planteo qué van a sentir lxs lectores ni lo que les acerca a la poesía o lo que les expulsa. Eso es para mí lo bueno de los recitales, que ves la respuesta del público, y yo creo que mis poemas son muy públicos. Para gritarlos, cantarlos, cambiarlos de voz. La verdad es que la respuesta que he recibido hasta ahora ha sido muy positiva, por lo que ha tenido de efectiva. Las personas que me han acompañado en presentaciones y lecturas han acabado recitando, interpretando, incluso llorando. La verdad es que visto así parece una especie de histeria colectiva, pero la verdad es que Volveré mucho más tarde de las doce me ha hecho vivir momentos muy tiernos. En mi opinión es un libro que pide muchas voces, no solo la mía.
Ellibrepensador: En un mundo comercial, donde el libro es fundamentalmente un objeto de intercambio, que se adquiere por dinero, todos los asesores de marketing vendrían a decir que el horror no vende salvo que produzca morbo. ¿No tienes miedo al rechazo por parte del público, generalmente ávido de positivismo y «caricias», de mensajes fáciles?
María Castrejón: Como decía en la respuesta anterior, si alguien busca el beneplácito del público (y por beneplácito entiendo éxito masivo de ventas) no debería NUNCA escribir un poemario. En las editoriales de poesía, pequeñas editoriales casi todas ellas, no existen asesores de marketing. Yo soy mi propia asesora, y luego lxs lectores. Si lxs lectores demandan mi poesía, la tendrán y si no, no creo que deba hacer ninguna campaña a la caza y captura de público. El público llega poco a poco y llega bien, por elección propia a pesar de lo duro y tierno de mis palabras, o tal vez por eso mismo.
Por otra parte, no estoy de acuerdo con lo que comentas de que el público busque positivismo y caricias, o por lo menos no busca solo eso, o por lo menos no todo el público. No me gusta imaginarme a EL PÚBLICO como una masa, una entelequia que se mueve al mismo ritmo y hacia el mismo lugar. El público son individxs muy dispares y con muy diferentes demandas. A algunxs les gustará mi poética y a otrxs no.
Ellibrepensador: ¿Qué significan para ti tres mitos griegos en este conjunto de versos? ¿Hacia dónde quieren dirigir nuestra atención? Parece que tras el conjunto de imágenes heridas hay un mensaje profundo, una corriente de ternura que está oscurecida por el Inframundo… Una historia de amor que se consuma con tristeza y sigue un ciclo periódico de realización y abandono.
María Castrejón: La función de estos tres mitos griegos era en principio la de revisar y resignificar las relaciones claramente marcadas por el género, sobre todo la maternidad y la pareja. El amor, del tipo que sea, solo es amor que luego se estructura y se encaja. Para conseguir esto jugué con el cansancio de una madre, el deseo de soledad de EL HOMBRE para dejar de cumplir ese rol tan férreo y entremedias la hija-esposa que intenta mantener todo en su sitio. Y no digo más que pierdo lectores y lecturas.
Ellibrepensador: Aunque ponerle nombre a una cosa, y definirla sea ya limitarla, ¿dirías que tu Volveré mucho más tarde de las doce es una obra de arte expresionista? A mí me recuerda esas figuras alargadas y esquemáticas, huesudas, de José María Subirachs, por ejemplo, un conjunto del que quedan impresiones, sensaciones, más que claridad, definición, concreción, en los retratos o las figuras…
María Castrejón: Yo veo Volveré mucho más tarde de las doce como un poemario realista, como una autobiografía coral y política. Pero soy yo la que lo ha escrito y esa es mi percepción. Sí es cierto que hay poemas muy plásticos, visuales e incluso escénicos, me interesan mucho el cine y el arte, y me influyen claramente. Utilizo diferentes ritmos y formas para hablar de los fantasmas que me persiguen y para hacerlos públicos, quizá en algunos casos se queden en meros esbozos de una realidad más amplia, pero poemas como Casa rural o mantis religiosa están más cerca del documental que de otra cosa, mientras que no me sale del coño o polo opuesto son más musicales. Insisto, esta es solo una de las lecturas posibles.
Ellibrepensador: En algunos versos parecía haber un rechazo de la sexualidad como definición, como obsesión: En «anticuerpos» escribes: “No quiero cuerpo / estigmas de tacones / ni polla ni coño / ni los ojos de mi padre / rodillas con chinchetas / clavadas en la tierra”.
María Castrejón: La verdad es que el sexo me parece un enorme mecanismo de control y, por lo tanto, me estresa bastante. Tanto el hecho de que sea sucio practicarlo, como de que sea algo obligatorio. El sexo es solo un eje más sobre el que gira la vida y en ocasiones me siento sobresaturada con este tema. Cambio polvo por una conversación divertida o por reírme. Si hay que follar, se folla, pero sin estrategias de marketing.
Ellibrepensador: Hay en general un sentimiento de rechazo, una cierta náusea ante el mundo (“feo / el foco de la luz que ilumina a la estrella / fea la luz / fea la estrella / feo / el ojo de la estrella que mira la luz / fea la estrella / fea la luz / fea / la mano que golpea al niño / feo el golpe / feo el niño / fea la lágrima del niño que moja el puño / feo el niño / feo el puño”). Casi todos los seres humanos compartiríamos que pegar a un niño es algo feo, más que feo, pero, ¿cómo admitir que es fea la luz y fea la estrella?
María Castrejón: En este poema volqué una de mis mayores inquietudes. En mi caso, hay momentos en los que todo aquello que me rodea me parece feo, hasta lo más bello; y en otros me parece bello hasta lo más feo. Creo que podría escribirlo al contrario, ¿o no? Probaré a ver si causa el mismo efecto: «bella la mano que golpea al niño / bello el golpe / bello el niño / bella la lágrima del niño que moja el puño / bello el niño / bello el puño».
En fin, percibo que se ejerce cierta violencia a la hora de invertir lo que supuestamente deberían producirnos algunas imágenes o acciones. Sin embargo, funcionamos de esta forma en más de una ocasión.
Ellibrepensador: ¿Qué poetas/poetisas han influenciado en esta obra? ¿De qué fuentes has bebido formalmente?
María Castrejón: En primer lugar del padre de esta criatura Dionisio Cañas, que me inseminó por internet. Él es el punto de apoyo para muchas cosas-percepciones, y el punto de partida. Es maravilloso encontrar a alguien con una sensibilidad tan semejante a la mía, y eso se percibe en el lenguaje poético. Él es, sin duda, mi maestro. Por otra parte he bebido de poetas como Sharon Olds y Concha García, entre otrxs, entre muchxs. Y como apuntaba antes, también bebo del cine y del arte; además de no parar de mirar a mi alrededor en busca del mensaje poético que está hasta en las cocretas y las mesas plegables.
Ellibrepensador: Escribes: “Soy el polo opuesto / no atraigo / me chocan / me buscan / me agreden / me sangran / me golpean / me tocan / y huyen / me empujan / me tiran al agua”. ¿Quiénes? ¿Por qué? ¿El polo opuesto o el extraño/extranjero?
María Castrejón: En todo caso, la extraña extranjera.
¿Quiénes? Aquellos que no entienden mi idioma y a quienes he dedicado este libro.
Ellibrepensador: Unos versos que no quisieras nunca olvidar.
María Castrejón: «Cuando muere un hombre,
cambian sus retratos»
Estos dos versos de Ajmátova significan mucho para mí. En primer lugar porque expresan todo aquello que nos enseñan los objetos que nos rodean y que aunque parecen estáticos están en continuo cambio, en una renovación simbólica que nos refleja en ellos. La poesía de las cocretas de mi abuela muerta, de la mesa plegable de la casa en la que crecí y que ahora se desmantela. Además, forman parte de la piel de una de las personas que más amo, mi hermano. Es un tatuaje en cirílico chulísimo y una deslocalización de la poesía. Espero no haber desvelado el mensaje de su brazo, ni el de mi poesía.

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