La Casa Real en entredicho

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En relación con el caso Urdangarín, bautizado como «Operación Babel«, aparecía en el diario El Mundo , el pasado día 10, una noticia sobre el espabilado contable del Instituto Nóos, Marcos Tejeiro, que así se llama el ilustre estratega de las finanzas ducales, diseñador de un sistema multidireccional de facturas para evadir fondos públicos a paraísos fiscales. Vamos, lo que se dice una joya de fichaje, aunque en esta ocasión no estuvo a la altura de las circunstancias y terminó derrumbándose en el interrogatorio policial, confesando todos los engaños y falsificaciones. Obviamente, el citado Marcos, cuñado de Diego Torres (socio) y de total confianza del duque de Palma, perteneciente al Comité de Dirección, se supone que también percibiría un saneadísimo sueldo como responsable financiero de todo el cotarro.

El hecho de montar un tinglado para tributar lo mínimo, deporte nacional predilecto tras el futbol, sin duda obedecía a que todos ellos andaban cortitos de recursos económicos, pero la estrategia arbitrada para evadir era tan súmamente torpe y rudimentaria que el pastel tardó nada y menos en descubrirse.

A su vez, las redes sociales, que entre otros cometidos también se encargan de juzgar y examinar conductas, en esta ocasión están puntuando muy bajo la del Monarca y peor aún la del duque de Palma. Tras los últimos acontecimientos, la ciudadanía ya comienza a criticar la falta de decisión por parte del Rey, aclarando y definiendo cual es la postura de la Casa Real ante la «Operación Babel» y el más que posible desafortunado comportamiento de su yerno.

Llama también poderosamente la atención cómo es posible que ninguna de las Administraciones ni empresas públicas ni privadas, posiblemente engañadas (¿?), entregaran con tanta facilidad y a cambio prácticamente de nada, a estos “vendedores de humo”, tales cantidades de dinero.

Ignoramos si tras la última confesión del citado contable le habrá producido a Urdangarín otra mueca de risa como la que luce en el semanario Hola. En la foto de portada de El Mundo, el duque de Palma (no sabemos por cuanto tiempo), teléfono en mano, aparece con rostro nervioso y preocupado a la puerta de su “apeadero” en Washington, casita de mil metros cuadrados por la que paga de alquiler 6.000 euros mensuales, más el mantenimiento del palacete de Pedralbes, por el que abonó en su momento seis millones de euros más 850.000 en decoración. Sin duda alguna, nos encontramos ante un verdadero mago de la ingeniería financiera que, percibiendo una ficha como jugador de balonmano entre cien y doscientos mil euros anuales, al poco tiempo de introducirse en el mundo de los negocios, le permitió adquirir la citada propiedad y disponer de un poder adquisitivo nada común en relación a sus ingresos. No obstante debe reconocerse, que con cuatro chiquillos, todos los dineros son pocos….

Más desacertado aún puede considerarse el comunicado de los asesores de Iñaki Urdangarín enviado a EFE. Su contenido constituye todo un despropósito al pretender acusar a los medios de comunicación de estar causando un graver perjuicio a la imagen de su familia y la de la Casa Real. Más burdo imposible, cuando ha sido él quien supuestamente se ha lucrado interviniendo en negocios efectuados a la sombra de la Casa Real. Por este camino, todo un referente de cinismo, frivolidad e ignorancia, el duque solo logrará incrementar el desprecio que ya está suscitando su deplorable comportamiento.

No obstante, este feo asunto está revestido de ciertas oscuridades que convendría esclarecer cuanto antes para frenar el deterioro que está sufriendo la figura de Juan Carlos. Como Jefe del Estado nadie cuestionaría que, disponiendo de un nivel de información altísimo, no fuese informado y/o desconociese todas las maquinaciones, artimañas y manipulaciones urdidas por el marido de su hija, la Infanta Cristina, y los grandes beneficios económicos que le estaban poroporcionando a la familia. ¿Como es posible que no le llamase la atención la adquisición del palacete de Pedralbes, valorado en seis millones de euros? Y si algo conocía que no se adecuase a una conducta normal, ¿por qué no lo impidió?Son varias las incógnitas a despejar y con urgencia…..

En fin duque. No le podemos felicitar en esta ocasión. Su comportamiento posiblemente intentando evadir dinero a paraísos fiscales, cuando menos, resulta antripatriótico y eso está muy feo. Debe recordar aquello de serlo y parecerlo…. Quizá, con esa aparente ambición que le caracteriza, le proporcione a los suyos unas amargas Navidades . De cualquier forma, intente regalar felicidad a los que le rodeen en las próximas fiestas.

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