“Conatus” liberal y evolución

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“Conatus” es la palabra latina que han usado muchos filósofos como Spinoza o Kant para explicar la motivación, como un rasgo inherente a la psicología y a la naturaleza humana. Pero como connotación de este término, tiene un componente importante de irracionalidad, no incluye la intención y mucho menos la voluntad. Se acerca al instinto o a la pulsión pero la definición más exacta, quizás, lo dejaría entre un término medio entre una motivación consciente pero surgida de una necesidad del cuerpo. Bajo este término voy a repasar la teoría liberal como tantas veces he realizado con tal de dar más argumentos y de desmenuzar los pormenores escondidos entre la mañana sensacionalista de la publicidad política y de los medios de alcance social.

Posiblemente, el negocio es un juego mental social y psicológico interesante porque es como obtener una satisfacción llegando a la meta (conseguir tus intereses) encontrándote con los intereses con los demás, es decir, no se trata de una relación ecológica, en el sentido de medio ambiente-humano sino es una relación donde se intercambian intereses entre humanos, en teoría, en las mismas condiciones. El motivante obvio es el interés personal, el conatus son las necesidades primarias satisfechas indirectamente con la obtención, por ejemplo, de dinero como es la comida aunque, en la sociedad posindustrial, se aliena al mantenimiento del status quo. Esto quiere decir que nuestro interés emana de una entidad histórica, que es nuestro continuo de satisfacción. Me remitiré a ejemplos para ilustrar mejor este cacao terminológico: si nuestras preocupaciones se basan en subsistir con lo mínimo como sucede en muchos países con mucha gente, el interés proviene de una necesidad inmediata, urgente y temporal porque una vez se sacie tal necesidad expirará la motivación. Cuando vivimos en una sociedad más avanzada y cuando las necesidades básicas son unánimemente cubiertas y no despiertan preocupación y, cuando por añadido poseemos de otros bienes como la vivienda, su mobiliario, coche y estos bienes nos permiten un nivel de vida, una forma de vivir y una imagen hacia los demás, entonces, nuestro interés no es el saciar las necesidades básicas según surjan sino el de mantener el nivel de vida continuamente, es decir, proviene de algo histórico -porque hemos sobrellevado un estilo de vida durante tiempo que nos ha procurado un grado de satisfacción y bienes intangibles como es el estatus social-.

Retomando el juego mental del negocio, según los liberales se afirma como ejemplo de la libertad y el contrato como la forma en que se formaliza y tiene atribuciones legales. Ambos partes del contrato tienen su estatus y tienen unas necesidades con base histórica de mantenerse o progresar. El contrato en sí, debería procurar la igualdad porque es un intercambio pero, en la práctica, el negocio como motivo del contrato tuerce esa igualdad hacia la pérdida de uno y ganancia de otro ¿quién gana? quién posee de más poder, de más estatus. Entonces, los contratos son desbalances de intereses urdidos a costa a de la necesidad de otros para incrementar el nivel de satisfacción de otros. Comprar algo conlleva pagar un sobrecoste que revertirá en la riqueza del vendedor, de los fabricantes y de los explotadores de los recursos naturales. Pero no nos adelantemos, la justicia o consideraciones éticas no deben intervenir aun.

Pero si podemos deducir algo y es que la sociedad liberal se mueve por incrementar el poder de uno, egoísmo, sobre los demás y a costa de los demás. Va implícito que si ganas otro pierde. Por suerte el sistema procura que todos tengamos de bienes que interesen a otros agentes del sistema. El consumidor dispone de dinero mientras que al empresario le interesa el dinero y al consumidor el producto ofrecido por el empresario. El dinero es el cambio universal de los productos y también continuamente se devalúa ¿por qué? ¿por qué suben los precios todos los años? Porque comprar es perder valor. Recuerde el lector el ejemplo: compra un producto en una tienda y estás pagando un sobrecoste que incluye las ganancias, el negocio, de los productores del susodicho producto. El dinero tiene las de perder pero lo material, lo físico o bien lo intelectual (servicios), que es lo que en efecto cubre las necesidades conserva mejor su valor y existe una diferencia entre el “coste teórico” del dinero y el coste real de los productos.

La sociedad liberal evoluciona hacia el aumento de los precios y a mayores dificultades de mantener el nivel de vida, ese estatus histórico del que hablaba. Sabemos que quien medra en una organización es a costa de los demás que han quedado atrás, relegados. Si ocupa un puesto más alto en una jerarquía de inmediato se le está birlando al que lo poseía anteriormente y se está imposibilitando a los que aspiraban a alcanzarlo. En resumidas cuentas, si las dificultades aumentan, las desigualdades de los estatus sociales también lo hacen transformándose en la realidad en las conocidas clases sociales con estatus incompatibles por diferencias insalvables. La última consecuencia es la divergencia de los derechos donde se dicta: “todos somos iguales” al tiempo que la práctica invita a pensar lo contrario cuando las diferencias atraen o repelen decisiones posibles, es decir, coartan la libertad de las personas iguales, quedando en la teoría y en la abstracción la igualdad y la libertad y pasando a un escenario dominado por la libertad condicionada por el status quo y los procesos históricos de donde nacen el conatus. Un alienación al estilo de Marx de las necesidades.

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