La lectura. Una defensa

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Y ahora desde el más modesto municipio, pasando por las autonomías y el gobierno central, los políticos, convencidos de que hay que recortar los presupuestos de las bibliotecas públicas antes que tocar a los banqueros, consideran inevitable el recorte presupuestario en la compra de libros y la eliminación de la Dirección General del Libro. España puede verse como Grecia, desprotegida de los dioses.

La cultura del libro y la promoción de su lectura pasan por un mal momento, dicen que debido a la crisis, pero la verdad es que este país siempre está en crisis cultural, el último de la fila y a veces con serios peligros de extinción, especialmente con los partidos neoconservadores y las crueles dictaduras.

Y ahora, desde el más modesto municipio pasando por las autonomías y el gobierno central, el conservadurismo gobernante considera que hay que recortar los presupuestos de las bibliotecas públicas antes que tocarles a los banqueros, inevitable el recorte presupuestario en la compra de libros. España puede verse como Grecia desprotegida de los dioses. Y como el ejemplo se demuestra andando, ahí está ese 43,7 por ciento menos del año pasado en la adquisición de libros para las bibliotecas cuando, paradójicamente, aumenta la cifra de títulos editados (80.000 en 2010) y mientras se suma la desaparición de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas.

Aceptar esta situación, sumándola al injustificado desapego a la lectura y la protesta ante tanta farsa nacional, resulta peligroso y poco edificante para todos aquellos que nos consideramos lectores fieles y percibimos la llegada de un nuevo Farenheit, eso sí, con una crueldad más refinada propia del dominio de las comunicaciones, que van impregnando nuestra sociedad hasta lograr embadurnarla fatalmente bajo la dictadura de la alienación.

Ante tanta mentira y cinismo, la cuestión no es envolvernos en un falso purismo y refugiarnos en el bosque de los elegidos, a memorizar cada amante de la lectura su obra preferida para salvarla del fuego que afana devorar una cultura tan necesaria y tan gratificante gozo.

Por eso resulta tan peligroso que, frente a una situación devoradora sin disfraz alguno, quienes somos conscientes de esta amenaza cultural miremos para otro lado, cuando la posible solución al problema o al menos freno, depende de nuestra labor permanente de denuncia y defensa de la cultura del libro y la lectura, tomándola como un compromiso de nuestro vivir diario.

Nada de mostrar sensación de impotencia, volviendo la espalda a tal peligro, optando por la vida tranquila en el refugio de la torrecita de marfil, disfrutando de los placeres de la buena lectura como un placer distinguido…

Según las estadísticas oficiales, la media de lectores en España puede estar en el cincuenta por ciento. Mas supone un esfuerzo aceptar que esa otra media España leyera de verdad, si así fuera, el estado de mediocridad medioambiental público, por propia dialéctica, no sería tan preocupante y los políticos intentarían al menos guardar las formas y dar una imagen menos vulgar y populachera.

Curiosamente, el desapego a la cultura es tal que incluso en el movimiento del 15-M con sus exigencias al Gobierno (las firmo casi todas), no se encuentra ninguna declaración en defensa del libro y la cultura. Acaso, este joven por edad (y necesario) 15-M, ignora que en la historia de la humanidad los poderes fácticos de las dictaduras y la Iglesia vaticana con su botafumeiro, han ejercitado la quema de libros, el Índice, y la persecución y desaparición de aquellos escritores comprometidos e incómodos.

Luego no olvidemos que el ojo del Gran Hermano, con otro estilo y armas más refinadas, viene llamando a la puerta con sobornos, métodos persuasivos y suaves ofertas, para participar en el pastel de la Cultura de escaparate, que no es otra que la pura distracción y alineamiento que pretende mantener las formas que a la tontocracia le interesa.

Por eso nuestro verdadero compromiso debe ser activo. Y la mejor actividad es hablar con el vecino, invitarlo a leer y a pensar por si mismo, mostrarle que leer un buen libro es un bien personal y un medio de defensa para la mente.

Puede parecer para algunos utópica esta actitud, insignificante, pero es pura dinamita por la sencilla razón de que un pueblo que lee y piensa es el peor enemigo para los explotadores. Y mucho más actualmente con este capitalismo deshumanizado, al que debemos obligar a aminorar su salvajismo con actitud ética e insobornable a favor de una sólida cultura ciudadana con capacidad de análisis y crítica.

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