Diario de Nueva York, de Peter Kuper

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Citas 2020
Diario de Nueva York. Peter Kuper. Sexto Piso. 2011.
La obra gráfica de Peter Kuper es una gran elegía a la ciudad de Nueva York, la gran metrópoli del último imperio de la Historia (al menos por el momento y en sentido más occidental del término). Cuando utilizo la palabra elegía no me refiero a un canto sólo de sus virtudes, sino al canto de la ciudad tal cual es, o tal cual la ve al menos Peter Kuper, con sus inevitables tópicos y lugares comunes: el puente de Brooklyn, la hora punta del metro, el asombroso conjunto de edificios, los carteles que señalan la dirección hacia Broadway, Times Square, el jazz callejero, la multitud, la Estatua de la Libertad, los vagabundos, la comida típicamente rápida americana… Pero también con una visión a veces inocente, realmente virginal de aproximación al gran mundo moderno con su sexo mecánico y comercial, o la tierna visión de los rascacielos soñando con figuras humanoides en colores pastel.
La pluma, los lápices, los colores a veces suaves y las manchas grandes de la obra de Kuper exudan ciudad neoyorquina por todas sus puntas y minas. Sus trazos rápidos y a veces incluso casi agresivos no son sino una traducción gráfica de las formas de la ciudad amenazante. En la Introducción el propio autor nos dice:
“En el verano de 1977, la ciudad de Nueva York estaba en bancarrota. Times Square estaba derruido y era peligroso después de la medianoche. Las estaciones de metro estaban maltrechas y tenían grafitis en todas las paredes. Los vagones no tenían aire acondicionado para paliar el bochorno subterráneo. Una huelga de recolectores de basura había dejado montañas de apestosos desechos y ratas viciosas merodeando por el suelo. Un asesino en serie, el Hijo de Sam, aterrorizaba la ciudad; cuando se produjo un apagón en julio, vándalos saquearon la ciudad.
Estaba en el paraíso”.
Esto evidencia que el autor no desconoce los peligros y los abismos de la ciudad-jungla, reina y víctima del capitalismo. La tira referente al dólar que termina en los desagües de la basura, pero que preside el cielo de la ciudad, donde se ve toda la vida protagonizada por un billete desde el atraco a una anciana, pasando por los servicios de una prostituta, la compra de un caramelo, un viaje en taxi, el pago de una comida, hasta el asesinato por la espalda de un ladrón de bar, muy idóneamente en tonos verdes y negros, es en este sentido muy evidente.
Los balances financieros de las empresas, los altos edificios que compara con los árboles selváticos y la peligrosidad de lo salvaje, los taxis, las facturas… todo se vuelve un inmenso conglomerado como la tira que describe las veinticuatro horas de vida de una mosca que lo contempla todo en blanco y negro, escenas inconexas de gente que va y viene, estudia, come, mendiga, mira abotargada la televisión mientras engorda física y mentalmente, lee, y ve cómo atardece y las prostitutas salen a la calle en busca de sus clientes mientras parejas de urbanitas enamorados tienen su momento más íntimo, más romántico o sencillamente más físico.
El libro contiene, además, una serie de visiones apocalípticas relacionadas con el atentado del 11-M. En estas historias el propio autor reconoce que previamente al desastre, ya había sufrido sueños sobre situaciones de grandes cataclismos y muerte, que quizá revelen el grado de ansiedad que genera no sólo una gran ciudad que circula a toda velocidad, sino también cierto espíritu americano de miedo a la venganza y al Armagedón que tuvo su desgraciada materialización (al menos para muchos) hace ya una década, plasmándose con gran calado en la obra del ilustrador, como no podía ser de otra forma tratándose de un artista dedicado a la ciudad.
En definitiva un magnífico compendio de imágenes “rápidas”, de fuertes impresiones que nos hablan de ese mito urbano, máximo exponente de la ciudad del siglo XX que aún no ha encontrado una clara sucesora y que tomó el relevo de la elegante París sin que parezca que quiera dejar el relevo de ciudad fetiche. Una obra para los amantes de la gran ciudad y para los amantes de la ilustración contemporánea. Un gran libro en un acertado formato que permite contemplar en un buen tamaño el arte claro, directo y enamorado de Peter Kuper (enamorado, sí, y hasta las trancas, de Nueva York).

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