Vitaminas, ¿las usamos de forma adecuada?

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Vienen ahora miles de reacciones por estas noticias en contra de la eficacia de los suplementos de vitaminas [1, 2] tan recomendados por muchos por la salud con la premisa de que a mayor número de vitaminas ingeridas, mejor es la salud. Muchos se sorprenden y otros lo ven claro “porque todo es un negocio muy lucrativo” pero la realidad es que los consumidores no saben ni qué son las vitaminas y las descripciones de las mismas son equívocas hasta por el personal propio de la salud. Luego, visto en miles de páginas webs, las explicaciones poco certeras con la naturaleza y función de las vitaminas llevan a pensamientos incorrectos acerca de las mismas y con ello, a suplementaciones inútiles y algunas hasta perjudiciales para la salud.

Ligoteo

Sin ser muy técnico, las vitaminas son sustancias esenciales (es decir, que requieren incorporarse al cuerpo porque éste no las puede producir) para el organismo que intervienen en reacciones químicas, que sin ellas serían imposibles de llevar a cabo. Es obvio de su necesidad, ya no sólo por el adjetivo esencial usado en la descripción sino por el hecho de permitir reacciones químicas de forma que en su ausencia son imposibles y, en consecuencia, el cuerpo es incapaz de llevar a cabo procesos imprescindibles para la vida -de ahí el nombre de vitamina: son vitales-. Sin embargo, en las descripciones más comunes, muy extendidas por internet, se dedican a especificar la función de cada vitamina en el metabolismo, con referencias indirectas a las reacciones químicas en las que intervienen, pero usan para introducir la explicación de su función con el verbo “mejorar”. Esto es, tal vitamina sirve para mejorar y no, como debería usarse, el término “permitir” pues que en su ausencia imposibilita, en su presencia posibilita.

Fíjense que no estoy profundizando sobre términos científicos propios de la naturaleza de las vitaminas y mucho menos aludiendo a sus funciones y propiedades bioquímicas o dónde se encuentran. Me estoy centrando en algo más simple pero, a la vez, que pasa desapercibido, y es la expresión y divulgación de sus funciones, muchas veces de forma perversa como argumento. Ahora bien ¿dónde se esconde el error de usar la locución sirve para mejorar? En que esta expresión sugiere que a mayor cantidad mejor es el funcionamiento y viceversa, por tanto, dos es mejor que uno y tres mejor que dos. Usando, por contra, el término permitir, esto es, permite tal reacción o permite que se cumpla X función en el metabolismo tan sólo nos remitimos a la necesidad de estas sustancias para el funcionamiento, para la vida pero nos evitamos sugerir el error de más es mejor. Un ejemplo bueno basta con pensar en la electricidad y un aparato eléctrico que la requiera; para el funcionamiento del aparato es imprescindible la electricidad pero por pasarle más voltaje e intensidad de la corriente no conseguimos que funcione mejor, de hecho, podremos obtener resultados negativos hasta estropearlo o, como poco, su disfuncionalidad.

El pequeño aclaramiento sobre el concepto de las vitaminas, por extensión, de los minerales -también esenciales- parece nimio pero basta este análisis para comprender cómo se nos ha hecho creer -al menos a los legos en el tema- un error y se ha producido un mito social con las vitaminas llegando a proferir expresiones como la siguiente: “fulano tiene un cuerpo vitaminado” para designar que aquella persona está en forma. Se ha establecido una relación sucinta entre la ingesta de las vitaminas con sus bondades como la causa de su estado de forma cuando la causa es integral de una alimentación que aporta lo que el cuerpo necesita -ni más ni menos- ,de ejercicio físico suficiente y de un estilo de vida saludable, por ejemplo, evitando el estrés. También en este sentido destaca el mito de que si se hace ejercicio físico se precisa de más vitaminas y por tanto, se han de ingerir de suplementos o podrían ser muy beneficiosos. La realidad es que el deportista tiene, efectivamente, unos requerimientos más altos de vitaminas que la persona sedentaria, igual que la persona que mide 2 metros y pesa 100 kilos se encuentra en la misma tesitura en comparación con la persona de un peso de 70kg y de altura media por la lógica razón de que si las vitaminas intervienen sine qua non en las reacciones químicas, un cuerpo más grande tiene más reacciones químicas, al igual que quien hace deporte conllevando un consumo energético y un desgaste mayor en el cuerpo. Ahora bien, no se precisan de vitaminas exógenas porque también estas personas comen más y por tanto ingieren más vitaminas con lo que, al igual que todos, excepto casos de desbalances alimenticios o patologías determinadas son inútiles.

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