Perder el norte

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El origen de esta frase proviene de la forma original que se tenía antiguamente para orientarse, es decir, gracias a la Estrella del Norte o Estrella Polar, principal medio de orientación para los navegantes cuando el Sol se escondía tras el horizonte y no podían ver el camino de ninguna forma. Si ellos perdían el Norte, estaban perdidos, a la deriva, sin saber a dónde iban. Y desde entonces hasta ahora se ha mantenido esa gran expresión que es “Perder el Norte”.
Cuando alguien pierde el norte significa que pierde la razón, que se comporta de forma desordenada y errática, pierde la vergüenza, un mínimo de ética y hasta la dignidad. Anda como si estuviese desorientado, como si no supiera dónde está, quién es, ni cómo debe comportarse.
Hay gente que lo pierde por causas ajenas a su voluntad, como por ejemplo, alguien que padece alguna enfermedad. Otra, lo ha perdido pero siguen emperrados en mantenerse en ese punto cardinal cuando, objetivamente y a la vista de todo el mundo, está en el oeste. Y existe otro grupo, el más peligroso: el que tiene mucho poder y, en su desvarío y locura, arrastra y confunde a todo el que coja por delante. Hay otra gente que, aparentemente, parece que ha perdido el rumbo de su vida, sin embargo, tiene la cabeza bien amueblada y no ha perdido de vista una luz, aunque lejana, como si fuera un faro.
En estos tiempos difíciles e inciertos, van saliendo, como cucarachas, varios casos-personas prácticos para alumbrar esta teoría y el problema es que van a seguir proliferando con lo que el “nudo gordiano” se va a hacer más complicado desatarlo. A la ciudadanía se la está violentando, acogotando, presionando, estafando y desilusionando y la solución mucho me temo que sea, como la decisión que tomó Alejandro Magno, cortándolo con su espada y por lo sano.
Últimamente hay varios ejemplares que con sus manifestaciones y acciones no hacen sino confirmar su “desbrujulamiento”. Ratzíngeres (papas); Demetrios (obispos); Urdangarínes (yernos reales); Schettinos (capitanes de barco) y así hasta contar “cienes” y “cienes”. Algunos han perdido el norte porque se han quedado rezagados en el tiempo, fuera del entorno actual y normal de la gente, añorando tiempos o épocas pasadas, y de tanto mirar atrás se han convertido en estatuas de sal. Así, es lógico que se despierten por la mañana sin ser conscientes de dónde están y de lo que dicen causando, como consecuencia, estupor, pena, risa o rechazo, incluso por parte de aquellos y aquellas que se consideran seguidores ya que una cosa es lo que muestran de cara a la galería y otra es la que viven en su casita.
Otros, amparados en su “status” social, consiguen pingües beneficios barriendo para casa todo lo que pillen a mano. Y eso que empezaron con un balón.
Y otros, pierden tanto, tanto el norte, que por ello, se arriesgan a perder la libertad. A lo mejor en la cárcel, lo recuperan.
Asistimos a diario a este espectáculo bochornoso de tantos personajillos hablando y actuando de una forma ridiculesca e impune que están contagiando a la gente normalita, como la chica que se encontró con mi hija en la calle el otro día porfiándole que tenía un hijo. Mi hija, que no, le decía, que te has confundido de persona. Y la chica que sí. Así hasta un cuarto de hora, casi. Cuando se despidió ni siquiera un “disculpa”, quedándose convencida (pobrecita) de que un niño estaba en este mundo con un abuelo ignorante de su existencia.
P.D.
Dejo de propina dos post recientes de dos blogueros. Uno, el de un buen amigo, Rafael Fernando Navarro y el otro de Juan Torres López que me lo encontré navegando por internet. Son gente con las que casi es imposible perder el norte.

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