Versos idiotas

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Me gustan los rincones sucios, soy aficionado a recargarme en las esquinas menos transitadas, ya sea de la calle, de las casas, o de la mente. Busco un punto alejado de la bulla, silencioso, mientras más inhóspito y desolado, mejor para mí, y me establezco ahí por horas. No para fisgonear, lo hago simplemente porque me hace sentir que no existo, que no pienso, que sólo vibro en la atmósfera. Y vibrar se siente bien, como vibra la idea inapropiada en la cabeza del necio que se aferra a ella, como vibran las cuerdas del piano amenazando con tirar el techo abajo, como vibra el cascabel tras la penumbra de una roca. El aislamiento es un buen lugar para descansar de la soledad, alejarse tanto que inclusive se deje atrás uno mismo es estar en todas partes, esconderse es como jugar a ser dios, que todo lo ve y lo juzga sin preocuparse un poco por no haber entendido ni media palabra.

Hoy me escondo de tu ausencia, de tu ritmo acelerado que no me permite detenerme un segundo a pensar en lo que hago, no lo llames negligencia, cada quien a su paso llegará a la brecha donde el amor no es más que un pretexto para hacerse daño, entonces vendrá el día en que el pasto verde que bajo tu ombligo piso se ponga marchito, y las nubes que en peldaños suben a tu cuarto se deshagan, y un abismo nos separe, más pronto que tarde a este ritmo llegará el día en que el rumbo que sigo acabe por volverse un laberinto, en que las palabras dejarán de ser las indicadas y me midan con la vara cruel con que yo he medido, y qué haremos los dos en una celda donde sólo quepo yo, ¿compartir mi castigo? Hoy me encierro en el silencio porque el habla tardía es una cosa tan podrida que me llena de moscas la boca y no hay un escudo que resista escuchar lo que tengo que gritar. Hoy me declaro incompetente para amar y ojalá que tú lo hagas igual.

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