Viajando por los Andes. III. Lago Titicaca e Isla del Sol

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Dejar la bulliciosa La Paz significa un nuevo viaje en autobús. Esta vez solamente tenemos 151 km por delante y la carretera se adentra en el Altiplano, recorriendo la Sierra Real camino del lago más alto del mundo, el mítico Titicaca, cuna de las civilizaciones que dieron origen a la inca y frontera entre Bolivia y Perú.

El autobús es más bien un microbús carente de cualquier comodidad e imprescindible para que estas gentes se muevan de un lugar a otro. Ver su techo recuerda las típicas imágenes de las guaguas colombianas o venezolanas que hemos tenido ocasión de conocer en otros viajes, porque en un increíble equilibrio, grandes fardos y petates oscilan a merced de la velocidad y del viento sin que se pierda ninguno, dándole un aspecto de caravana rodante.
Después de casi cuatro horas llegamos por fin a Copacabana, lugar turístico desde donde parten los ferrys que navegan por el lago.Es una bonita población a 3.810m de altitud pero antes de alcanzarla, tenemos una experiencia singular. El microbús deja la carretera por la que venimos y lo embarcan en un pontón a motor; a los pasajeros nos trasladan a un lancha. Durante un rato, el bús casi anfibio y nosotros navegamos paralelos hasta alcanzar Copacabana. Parece que de este modo el viaje ahorra un montón de tiempo.  Desembarcamos en el puerto desde donde parten los barcos con bancos a modo de cubierta. Recogidas las pertenencias buscamos pasajes que nos lleven a la Isla del Sol, nuestro destino en los dos próximos días en búsqueda de paz y sosiego, en medio del lago que tiene el horizonte nevado en las cumbres de los Andes. Abordamos una lancha que nos lleva en media hora hasta el pequeño puerto de Challapampa, que vive apacible en un cabo con dos vertientes de arena blanca.No sabriamos decir que es más inhóspito, si el frío o el viento que nos zarandea en cubierta, pero a estas alturas casi nada nos asusta ya.
A la vuelta, tendremos tiempo de visitar Copacabana con la excepcionalidad y fortuna de presenciar en primera fila una famosa fiesta religiosa dedicada a la Virgen que Quechuas y Aymaras veneran en sus ritos cristianizados a Pachamama, la diosa madre.
Según la tradición de los pueblos indígenas del altiplano, se dice que en la Isla del Sol fue donde el Dios Viracocha creó a la humanidad luego del gran diluvio.
La Isla del Sol mide 9.6 km de largo por 4.8km de ancho y se compone de tres comunidades: Yumani, en el sur;Challa en el este central y Challapampa en el extremo norte. El recorrido por la isla de punta a punta recorre una pista inca, a la que llaman la Cresta del Inca, que en las cuatro horas de caminata permite la observación de  las ruinas arqueológicas del Templo Pilkokaina y las escalinatas de piedra del muelle de Yumani que conducen a la Fuente de la Vida, así como  las ruinas de la Chincana (laberinto de paredes de piedra), El Templo del Sol, la Roca Sagrada y la Mesa de las Ceremonias. 
Según las crónicas, desde La Roca Sagrada salieron los caudillos Manco Cápac y Mama Ocllo para fundar la ciudad de Cuzco o Tahuantinsuyo. El nombre original de esta isla es Isla Titikaka, o roca del puma, que da nombre al lago.
Los dos días y medio nos han dado mucho de sí. Queríamos tranquilidad y descanso después de los miles de kilómetros recorridos y los que todavía nos aguardan en Perú. Respirar el húmedo aire del lago y aspirar el muña-muña contra el mal de altura es gratificante. Si no fuera por el influjo húmedo del Titicaca, estos parajes serían heladas planicies sin vida posible para asentamientos humanos, por eso es la cuna de la civilización de  Tiahuanaco desde el año 200 d.C. Fueron precursores de los incas; estamos en los orígenes de América.
 No hemos podido navegar en las barcas hechas de totora, la planta acuática que permitió cruzar océanos. Otra vez será, quién sabe…
fotos Juan Mateo

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